martes 20/10/20

Esto es una guerra, y nos atacan desde la BBC

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

 

Hasta ahora entendíamos las guerras como conflictos armados entre países, regiones, y el campo de batalla como una zona específica, un lugar concreto en el que se desarrollaba la contienda. Pero esto ha cambiado. Antes eran los ejércitos los que garantizaban de alguna manera esa paz, y visto el panorama, más nos vale tener un sistema sanitario capaz de afrontar los futuros coronavirus que nos pueden llegar, porque parece que no tenemos memoria, pero empezando por el aceite de colza y pasando por crisis como las de las vacas locas, la gripe aviar, el brote de E-Coli de 2011 e incluso el Ébola, por no mencionar aquí el SIDA, parece que no hemos tenido suficiente como para aprender a armarnos. Ahora con el COVID19 tenemos la vertiente económica, porque la paralización mundial ha generado un escenario mayor, distinto, en el que cada país va a intentar sobrevivir a cualquier precio.

Esto implica que los ataques alcanzarán a todo aquello que genere competencia, y con ello llegamos a la situación que la BBC , la cadena pública de radio y televisión de Reino Unido, trata de generar sobre la imagen de los productos agrícola españoles, y no me ciño a Almería, porque cuando un británico va a un mercado y pregunta por el origen del producto la respuesta es el país y no esa pequeña localidad que se llame El Ejido o Dalías, que no tienen ni idea de dónde están. Para ellos España es sol, buen tiempo y por ello dan por hecho que un producto alimenticio que procede de aquí es más natural aunque su origen sea el monte más lejano y gris de Huesca.

Aclarado esto, es necesario tener en cuenta que en estos momentos, en este mes de abril, los productores británicos ponen a circular en el mercado su producción propia. Desde ahora y hasta junio entra en campaña el cultivo de invernadero de cristal, mucho más caro que el español porque el gas o cualquier energía utilizada para mantener la temperatura es carísima comparada con los costes de producción españoles. Así, berenjena, tomates, pepinos y toda esta serie de productos compiten frontalmente con los suyos, y su capacidad de producción es como veinte veces superior a lo que sale en camión desde el sur de España.

Nos atacan achacando el bajo precio de nuestra producción a la utilización de mano de obra en régimen de esclavitud, que es como quieren que lo vea el consumidor final para que moralmente se vea obligado rechazar nuestros tomates. En verano es distinto, porque entra en el mercado el cultivo local al aire libre y aquí la diferencia de precio es menor, pero no encontrarás un solo mercado en el que una calabaza, paquete de judías, calabacín, fresas y otros frutos rojos, coles, brócoli o coliflores no tengan una banderita inglesa que te indique que es producto local, señalando incluso la zona de producción. Protegen su producción interna, al productor local, lo hacen genial y contra eso ni tan siquiera vale la pena competir porque estacionalmente tampoco nos afecta mucho.

El problema es que ataquen y no reciban una respuesta proporcional y coordinada. Ya sea por precio y a saco, diferenciación de producto o, sencillamente, penalizando lo que importemos de ellos. Y claro, tampoco comemos mucho de la Gran Bretaña, pero buscando sectores estratégicos seguro que hay donde rascar.

El otro parámetro que debemos tener en cuenta en esta guerra es el escenario, el terreno en el que se juega. Y seamos sensatos en el análisis. En un mundo recluido en sus casas y de las que sólo se sale precisamente para comprar, todo aquello que llegue como información es como una ráfaga de metralleta, y si además quien dispara es la televisión pública ya hablamos de artillería pesada. Lo de la BBC es, sencillamente, un ataque masivo y puede tener un extraordinario coste.

Se combate con comunicación, con medidas de presión de lobbys de distintos sectores que deben hablarse entre ellos para defender la marca país y, por encima de todo, el oponente debe ver los dientes del adversario. Y hasta ahora nos ven como un saco de boxeo colgado del techo de un gimnasio barato, con varias vueltas de cinta americana para que no se salga el relleno, y al que puedes golpear todo lo que quieras con la seguridad de que no responde, a lo sumo se rompe.

Y bueno, si creen que esto solo pasa con España, podemos relajarnos pensando que mal de muchos es consuelo de tontos. Pero tendríamos que asumir ese rol. Por ejemplo, mientras investigaba sobre este asunto encontré una noticia en el que a una empresa agrícola irlandesa le han montado el pollo del siglo por trasladar en avión a un cupo de trabajadores búlgaros para su campaña de recolección. Hablamos de que además de contratar en origen, los trasladan en avión, les mantienen 14 días en cuarentana a su costa y, además, son objeto de una campaña descomunal de crítica por llevar a su país mano extranjera en plena pandemia del COVID19. Puede parecer una exageración, pero seguro que no es momento de comprar acciones de esa empresa salvo que la intención sea una absorción hostil al menor precio posible.

Esto es una guerra, y nos atacan desde la BBC
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