domingo 25/10/20

Almería se muere, y no es de Covid

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Caminar por el Paseo de Almería, principal arteria de la ciudad, es deambular por el territorio de una muerte anunciada. Los carteles de alquiler o venta de locales llevan tanto tiempo en las fachadas sin atraer la atención de potenciales clientes, que el sol decolore sin piedad esos anuncios del fracaso de modelo de ciudad, aportando un aspecto aún más triste, como una señal que reafirma el hecho de que a nadie le importa nada.

 

La misma avenida, por las noches, cambia totalmente. Pero a peor.

 

Los indigentes se apoderan de portales desplegando sus cartones. No son carteles con petición de ayuda, sólo finas capas de aislamiento que tanto ellos como el resto creen que realmente les separa de algo, pero quizás la ausencia de mensajes en esos cartones sea lo de menos, porque la propia imagen lo dice todo. Sólo en el mismo edificio que se ubica la sede del Partido Popular, que gobierna la ciudad con el apoyo de Vox o sus tránsfugas, y también la Junta de Andalucía, encuentras a tres sin techo como paradoja del enorme crecimiento y bienestar que públicamente se vende tanto de la ciudad como de la región.

 

 

Almería se muere y no es el efecto de la Covid19, de su salvaje azote en la provincia justo en el momento que las autoridades locales tenían que demostrar su capacidad de acción para evitar lo que precisamente se ha producido. Se muere porque le han disparado a quemarropa desde las propias instituciones propiciando todo aquello que sencillamente podía tener efectos irreversibles.

 

 

Sólo en una ciudad que precisamente vive una enorme crisis del pequeño comercio podía ponerse una alfombra roja, literalmente, que condujese a toda la clientela desde el centro hasta un centro comercial, Torrecárdenas, edificado en la mitad de la nada y en la que aún no se ha construido ni tan solo una de las viviendas de protección oficial que debían desarrollarse de modo compensatorio.

 

 

El casco histórico, ya vacío de contenido comercial, empieza a desalojarse también de viviendas para pasar a alojamientos turísticos porque, precisamente, no se articulan condiciones para que la gente viva con calidad en sus calles de siempre, sino para una especie de política de foto en la que solamente importa el colorido y no la utilidad de las actuaciones.

 

 

El desánimo del centro, la certeza de que erraron al elegir un conglomerado de opciones políticas que sencillamente les han arruinado, se convierte en miedo ante lo que entienden como una especie efecto aumentado del duro otoño del Covid. Ya no hay tiempo de respuesta y, pero aún, nadie confía en que el actual equipo se capaz de nada.

 

 

A Almería le toca asumir que quien con niños se acuesta, meado amanece.

 

 

Almería se muere, y no es de Covid
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