Viajes sin retorno
Juan Antonio Palacios Escobar
Los viajes de ida y vuelta y los sin retorno, los que van hacia la izquierda o hacia la derecha, o aquellos que siempre están empeñados en reencontrar el centro, los que desde el humanismo cristiano intentan escribir todo tipo de reformas y decir que donde antes no había sitio para nadie, ahora hay sitio para todos.
Más café para unos que para otros , más España con nosotros y menos sin nosotros, más sinrazón que razón, más ruidos que silencios , más palabras que honores, , más vendas que ojos, más mentiras que verdades , más especulaciones que evidencias.
Las cosas son como son queridos lectores de TELEPRENSA.ES, no como nos parecen o nos hacen creer algunos, y en cada momento nos la jugamos, entre la bienvenida y el adiós, entre amores y odios, entre sondeos, valoraciones y realidades, entre fortalezas y debilidades.
Hay quienes se montan el cuento de la lechera y acaban rompiendo el cántaro al inicio del camino, y aquellos otros que entre fabulaciones y fantasías no terminan de encontrar la solución al laberinto en un ir y venir, en un dar vueltas al mismo punto para retornar siempre al lugar de inicio.
Es frecuente en la tentación de hacer posible lo imposible, poner blanco sobre negro, discurrir por la riada de lo errático entre el descontrol, la inutilidad y la incompetencia, ir por un camino que no tiene origen y difícilmente puede tener destino.
Esta claro, que en la política que a todos y todas nos incumbe, como en la vida misma, ninguna persona que trate de perseguir un ideal carece de enemigos, y que entre la explotación, la dominación, la violencia o la injusticia, siempre tenemos que apostar por la libertad. No hay derrotas dulces ni victorias amargas, sino viejas costumbres y nuevas creencias, fuerzas presentes y fatigas acumuladas, ausencias amorosas y antagónicas presencias.
Resulta difícil, ordenar, canalizar, acomodar y administrar el caudal de los viajes de personas e historias, que siempre y nunca suelen tener un efecto depredador y devastador, entre lo gratificante y lo decepcionante, entre los que pasan los días recurriendo a distintas técnicas para aliviar tensiones, y los que no paran de maldecir porque están en desacuerdo con todo.
En estos viajes sin retorno, que nos ofrece la vida misma, mejor es estar preparados, aunque no lo consigamos, para ser felices, que recobremos nuestra capacidad de elegir, preparándonos para luchar por lo que necesitemos.
Tal vez sería mejor, que intentáramos ser más creativos, de que tengamos la posibilidad de dirigir nuestras historias, de tener mayor apoyo, de ser capaces de conseguir una mayor calidad de vida, antes que cualquier otra cosa.
Ante tanta presión y tanta duda, tal vez no sería malo preguntar a los demás cómo puedes ayudar, en lugar de sólo quejarte sobre que pueden hacer por ti, piensa que puedes hacer tú por los otros.
Quizás es conveniente, no olvidar que nos ha tocado vivir en el mundo de la diferencia, lo que hace imprescindible el diálogo como elemento indispensable para comunicarse y desenvolverse en una sociedad plural y compleja, sometida a profundas e inevitables y rápidos cambios.
Los políticos han de esforzarse por ser normales, por estar cerca de los ciudadanos y ciudadanas, por reivindicar la proximidad, la participación, la claridad y la transparencia, como formas de profundizar en la democracia, para superar un individualismo sin sentido que nos aísla e insensibiliza.