Viajar en camioneta
Abner Chay
Todos los días millones de personas se transportan en Guatemala a través de buses urbanos o extra urbanos; realizan esta actividad por trabajos, viajes o estudios. Dependiendo las circunstancias, estos pueden ser de primera línea tipo pulman, parrilleras también conocidos como “burras”, y como olvidar los famosos microbuses o “micros”.
Acompañantes de estos transportes son las desalentadoras noticias que se escuchan cada día: “en los buses asaltan, matan, extorsionan o se sufren accidentes por la negligencia de los pilotos”, a pesar de estas situaciones, este es el medio usual que transporta la riqueza más grande de Guatemala, su gente. Personas que no buscan hacerle daño a nadie, sino cumplir con metas cortas, para alcanzar los objetivos de su vida.
Un día cualquiera, una maestra en el altiplano del país se levanta de madrugada para arreglarse, desayunar deprisa, tomar sus materiales de clase y tomar el bus que lo dejará cerca de una escuelita, dónde impartirá clases a un grupo de estudiantes que han realizado el mismo recorrido con el propósito de superarse y hacer realidad sus sueños.
En otra región del país, aún con el fuerte aroma de la tierra y fertilizantes, una pareja de campesino se apresuran a tomar el bus con destino al mercado más cercano, dónde esperanzadamente venderán las hortalizas que con ahínco han cuidado los últimos meses de plagas, vientos y lluvias; finalmente llevaran comida a sus hijos y dinero para vivir cómodamente.
En la ciudad, el cajero de un banco realiza su ejercicio matutino al correr detrás de un bus lleno de personas, en él que buscara un espacio disponible dónde acomodarse y escuchara a la distancia al ayudante del piloto decir –“Dónde van dos, caben tres”-. Luego de atender a decenas de personas, tomará otros buses con dirección a su universidad y soñara despierto con el día que ascienda en su trabajo y compre su propio carro.
Ese mismo día, pero horas más temprano, un turista internacional con una guía, una cámara fotográfica y mochilas inmensas en la espalda, intenta pasar desapercibido en lo que cree ser la aventura de su vida al tomar el famoso “Chicken Bus” con destino a los Bosques Húmedos del país.
Al final del día, cada uno cumplirá con sus propósitos y mañana otros millones de personas realizarán distintas rutinas, pero las mismas camionetas transportarán esperanzas, sueños, metas y sobre todo la riqueza de Guatemala.
Todos los días millones de personas se transportan en Guatemala a través de buses urbanos o extra urbanos; realizan esta actividad por trabajos, viajes o estudios. Dependiendo las circunstancias, estos pueden ser de primera línea tipo pulman, parrilleras también conocidos como “burras”, y como olvidar los famosos microbuses o “micros”.
Acompañantes de estos transportes son las desalentadoras noticias que se escuchan cada día: “en los buses asaltan, matan, extorsionan o se sufren accidentes por la negligencia de los pilotos”, a pesar de estas situaciones, este es el medio usual que transporta la riqueza más grande de Guatemala, su gente. Personas que no buscan hacerle daño a nadie, sino cumplir con metas cortas, para alcanzar los objetivos de su vida.
Un día cualquiera, una maestra en el altiplano del país se levanta de madrugada para arreglarse, desayunar deprisa, tomar sus materiales de clase y tomar el bus que lo dejará cerca de una escuelita, dónde impartirá clases a un grupo de estudiantes que han realizado el mismo recorrido con el propósito de superarse y hacer realidad sus sueños.
En otra región del país, aún con el fuerte aroma de la tierra y fertilizantes, una pareja de campesino se apresuran a tomar el bus con destino al mercado más cercano, dónde esperanzadamente venderán las hortalizas que con ahínco han cuidado los últimos meses de plagas, vientos y lluvias; finalmente llevaran comida a sus hijos y dinero para vivir cómodamente.
En la ciudad, el cajero de un banco realiza su ejercicio matutino al correr detrás de un bus lleno de personas, en él que buscara un espacio disponible dónde acomodarse y escuchara a la distancia al ayudante del piloto decir –“Dónde van dos, caben tres”-. Luego de atender a decenas de personas, tomará otros buses con dirección a su universidad y soñara despierto con el día que ascienda en su trabajo y compre su propio carro.
Ese mismo día, pero horas más temprano, un turista internacional con una guía, una cámara fotográfica y mochilas inmensas en la espalda, intenta pasar desapercibido en lo que cree ser la aventura de su vida al tomar el famoso “Chicken Bus” con destino a los Bosques Húmedos del país.
Al final del día, cada uno cumplirá con sus propósitos y mañana otros millones de personas realizarán distintas rutinas, pero las mismas camionetas transportarán esperanzas, sueños, metas y sobre todo la riqueza de Guatemala.