Una Europa para los jóvenes
Mari Carmen Ortiz. Candidata del PSOE al Parlamento Europeo
En los últimos tiempos, es frecuente que en cualquier conversación aparezca la preocupación por la falta de trabajo para los jóvenes: tanto entre los menores de 30 años, muchos de los cuales nunca han tenido un empleo, como entre los padres, que son conscientes del futuro incierto de sus hijos e hijas.
La mayoría de los jóvenes de hoy no tienen trabajo ni perspectivas de poder encontrarlo. Con estudios o sin ellos, se enfrentan a la misma realidad: falta de salidas laborales en las empresas, un sector de la construcción que hace tiempo que se derrumbó, una administración pública inmersa, en muchos casos, en recortes y enormes dificultades para acceder al autoempleo, por la falta de crédito de los bancos.
Con este panorama, todos conocemos a jóvenes que se han tenido que ir al extranjero a ‘buscarse la vida’ como única salida posible. Lejos de su casa han encontrado distinta suerte porque, como se decía en otros tiempos, en ningún sitio ‘atan los perros con longaniza’, por mucho que la ministra de Empleo del Gobierno del PP se empeñe en hablar del “espíritu aventurero de los jóvenes” o de “movilidad exterior”.
Los que se han quedado aquí han tenido ‘suerte’ han terminado encontrando trabajos que, con frecuencia, son precarios y faltos de perspectivas, con horarios interminables y sueldos de miseria, gracias a contratos de formación a tiempo parcial o contratos temporales que se extienden más allá de lo razonable.
Éste es el panorama que están sufriendo no sólo aquellos que dejaron los estudios para trabajar y ahora no tienen estudios ni empleo, sino también los que cuentan con una buena formación universitaria. Una dura realidad que, en frías cifras, es ese 55% de paro juvenil que refleja la Encuesta de Población Activa
Algunos achacan esta situación a la ‘maldita crisis’, ésa por la que se ha rescatado a la banca; ésa que nos obliga a mantener bajo mínimos los sistemas públicos de salud, educación o justicia; y ésa por la que los defensores de la austeridad a ultranza, están dispuestos a salvar cualquier ‘cosa’, mientras dejan hundirse a las personas.
Lo único que está claro es que los jóvenes no son los responsables de la situación de nuestra economía. Ellos no han sido partícipes de la mala gestión de otros ni de que algunos –no sabemos quiénes o, bueno, tal vez sí– hayan vivido por encima de sus posibilidades. Pese a que no son los responsables de esta crisis, sí que están pagando las consecuencias, no sólo porque está en riesgo su incorporación al mercado laboral, sino porque también está en juego un proyecto de vida personal al que también tienen derecho.
Quizá algunos apunten a que, según los datos de la última Encuesta de Población Activa, se está generando empleo en España. Es cierto, pero el ritmo de creación de puestos de trabajo es tan lento que muchos de los jóvenes que ahora tienen 27 o 28 años, llegarán a los 40 y no habrán encontrado su primer puesto de trabajo. Pero también hay que preguntarse a qué precio se está creando ese empleo, puesto que la precariedad laboral a la que se enfrentan nuestros jóvenes, junto a unos salarios de saldo, de fin de temporada, están abocando su proyecto vital al fracaso.
Las políticas de austeridad impuestas por los partidos de derechas en Europa y por el PP en España están truncando el futuro de muchas personas y están dejando en el camino las ilusiones de muchos jóvenes. Por eso es hora de que Europa, con una mayoría socialdemócrata en el Parlamento y un presidente socialdemócrata al frente de la Comisión Europea, se ocupe de las personas.
No sólo hay que devolver la confianza a los mercados: hay que devolver la confianza a las personas, la confianza de encontrar un empleo o de poder mantener el que se tiene en condiciones dignas. Y para ello es necesario que Europa cambie las políticas de austeridad por las de apoyo al crecimiento económico y al empleo.
Es necesario apostar por el empleo de los jóvenes, incrementando en el marco de la Garantía Juvenil hasta 21.000 millones de euros. Y es necesario revisar y mejorar la Directiva sobre el desplazamiento de los trabajadores, para aumentar la protección de los trabajadores contratados en un país diferente.
Es necesario que el cambio empiece por Europa, y es necesaria una mayoría socialista en el Parlamento Europeo que se constituirá después del 25 de mayo, para que la prioridad vuelvan a ser las personas.