Sublime y eterno
Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla
Cuántas veces nos han contado historias bellas, sublimes y hemos pensado ¡Qué maravilla! ¿Esas cosas suceden en la vida real? Y sí, seguro suceden. Aún en estos tiempos, que parece que todo es efímero hay sentimientos que perduran para toda la vida. Al principio puede ser mezcla de un amor idealizado, idílico de algo que se inició pero no se concluyó. Pero al pasar el tiempo sorprende cuando de repente aparece y, te das cuenta que esos años no han sido de olvido, sino de tener alojada en una parte de tu mente a una persona que siempre estuvo ahí, pero que por razones de la vida, no correspondía en esos momentos que disfrutarás de ella. Quizás la vida reservaba la mejor parte para el final de la misma o quizás para la eternidad.
“La distancia puede borrar una imagen de los ojos… Pero Nunca un sentimiento del corazón” esta frase encierra todo eso que, a veces, se quiere expresar pero que es tan inmenso que no se puede. Hay emociones difíciles de explicar, es un hecho contrastado que el amor eterno y la cordura son incompatibles. Por eso cuando percibes esas sensaciones inexplicables piensas que estás en otra dimensión, vamos que estás loco, pero loco de remate.
Algún sabio “loco” dijo: “Bendita locura que me lleva a tener al amor de mi vida”. Normalmente este tipo de amores por ser tan sublimes suelen ser difíciles, y precisamente por ello son los más amados y deseados. Porque no tienen rutina, no les mina la cotidianidad, sólo la pasión, la locura y el infinito deseo de estar con el ser que amas. No es terrenal, cuando se hace terrenal puede que deje de ser tan sublime.
Nadie debería prohibirse, al menos una vez en la vida, disfrutar de esos sentimientos que invaden el alma de quién los siente, y van dirigidos a quién hace que los sientas. Tendría que haber una norma de inexcusable cumplimiento para que el ser humano que no haya vivido esa sensibilidad, o quiera volver a vivir esa inmensidad que te da el amor infinito, la cumpliese.
Si nuestra vida se rigiera por esa ley que no es impuesta, sino que es una bendita locura, seguro que estaríamos y haríamos felices primero a nosotros mismos y después a todos los que nos rodean. Aunque desafortunadamente en ocasiones suelen producirse daños colaterales. Son inherentes en la mayoría de los casos. No se puede alcanzar la luna y el sol al mismo tiempo. Porque una está de noche y otro de día. Y nuestros brazos no dan para tanto, aunque sí tu ser interior. Por eso perdurará para siempre ese sentimiento, ese amor sublime y eterno.