La acertada y clarificadora expresión de «soterraMIENTO» proviene del bosque de las redes sociales, ese hábitat donde mucho salmerienses muestran con frecuencia su indignación por los asuntos públicos. Y, en efecto, somos muchos los engañados.Para ser exactos, debería llamarse soterramiento parcial o semi soterramiento, puesto que dejar 800 metros de vías en superficie, las que van desde la avenida del Mediterráneo a lanueva estaciónde tren, nos lleva a calificarlo como proyecto fallido, tras décadas (desde aquellas ocurrentes láminas de agua) de infografías, maquetas y blablabla. Para más inri, se obvia (se desconoce) el uso que se le dará a nuestra emblemática estación. Estupefactos quedamos ante una nueva actuación cortoplacista que se lleva a aprobación del Pleno, a contrarreloj, el último día antes de iniciarse la precampaña de elecciones locales. Una decisión que condenará a uno de los iconos de nuestra ciudad, despojándole de su uso originario. Una oportunidad perdida para acometer una verdadera transformación. Otro parche más.
Sin ser expertos en la materia, podríamos pensar que un soterramiento integral ferroviario constituye una actuación que, por su envergadura y complejidad técnica, se reserva a las grandes capitales. Pero indigna comprobar cómo otras urbes se han beneficiado de iniciativas más ambiciosas que la que aquí se nos «vende». Hay ciudades lideradas por alcaldes con visión de futuro y talla política, que arriesgan incluso su propia carrera, y no se resignan ante propuestas carentes de ambición y altas miras. O sea: luchan. En Murcia, sin ir más lejos, la ciudadanía, comprometida y movilizada, salió a la calle para reclamar un soterramiento completo a su paso por la capital. Para Almería, cualquier inversión la observamos desde la distancia, con una humildad que roza el complejo, sin ánimo de batallar. Para los demás, no; para nosotros, todo es muy difícil. ¿Comodidad, conformismo, resignación? Llamémosle como se quiera.
Hagamos un repaso con el «cifras y letras» de la España soterrada. En Málaga (la envidiada por algunos), tras 14 años de obras, logró que soterraran 4,8 kilómetros con una inversión de 530 millones de euros. En Valladolid se soterraron 6 km con una inversión superior a 700 millones. En Zaragoza el proyecto afectó a 6,1 km con una inversión de más 600 millones de euros. A finales de 2022, en nuestra vecina Lorca se acordó de una inversión de 300 millones de euros para 2,9 km de tramo a soterrar. Uno de los últimos proyectos hechos públicos es L´Hospitalet de Llobregat, donde el soterramiento alcanza 5,1 km de las líneas de cercanías a su paso por el núcleo urbano, además de la construcción de una estación intermodal, proyecto valorado en 1.000 millones. En todos los casos, se trata de cifras que multiplican por dos, tres, cuatro o cinco veces las previstas en nuestra tierra.
El soterramiento ferroviario integral ofrece una serie de beneficios significativos para las ciudades y sus habitantes, como el incremento de espacios de uso público, la descongestión del tráfico, mejora en la movilidad sostenible, reducción del ruido, mayor calidad del aire, etc. Para Almería, la eliminación de esa barrera física que divide la ciudad y sus barrios resulta crucial. El impacto positivo en el paisaje urbano tras la liberación de suelo ocupado por vías nos permitiría contar con nuevas zonas verdes, parques y lugares de ocio. Desde mi punto de vista, podría ser el emplazamiento perfecto para acometer un proyecto transformador a través de un edificio emblemático que sirva como catalizador cultural y turístico (y, por ende, económico). Basta recordar lo que ha supuesto el Museo Guggenheim de Bilbao o la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Es tiempo de pensar en grande.
Este despropósito de proyecto contempla un nuevo inmueble impersonal y carente de impronta, mientras que a escasos metros convertiremos nuestra centenaria estación, no sabemos si en una reducida área comercial, establecimientos de comida rápida, cafeterías, tiendas de ropa deportiva o telefonía móvil. Tal vez lo reserven para otra dependencia municipal, de esas que nos tienen acostumbrados a levantar y luego abandonar por falta de mantenimiento. ¿Pensarán en un museo ferroviario, precisamente en Almería, la isla peninsular, donde llegará un tren que no será de alta velocidad, tras décadas de espera? Un museo. Sería paradójico, en Almería, que sufre el colapso de una A7 en permanente atasco mientras ninguna administración apuesta por un tren de cercanías para una población aproximada de medio millón de personas, que van desde poniente a levante, desde el Bajo Andarax utilizando lo ya existente.
De la conexión del ferrocarril con el puerto, otra leyenda urbana como tantas otras que, nada sabemos, o lo que es lo mismo, ni está, ni se le espera. Y después de todo esto, ¿cuándo tenemos que aplaudir?
