Sin ofender a 'Goya'

Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla

Nos podemos indignar o no, porque  a estas alturas cuando pensamos que no puede salir otro caso más fuerte de fraude-más bien de poca vergüenza- nos enteramos de uno que supera al anterior.

Y aún así seguimos como si no fuera con nosotros. Como si toda la pasta que se han gastado unos pocos, no fuera la pasta de cada uno. Que todos durante “todos” estos años nos hemos tenido que apretar o estrujar, ya no digo el cinturón, sino la cabeza para ingeniárnosla y seguir cada día, sin morir en el intento.

Hace unos años alguno de estos, que nos han tomado el pelo- dijo que: “Nos teníamos que apretar el cinturón y si había que bajar sueldos…Era un esfuerzo que se debía de  hacer”. Lógicamente, hacer los trabajadores, los suyos y los de los demás. Porque él se aplicó eso que mi padre de pequeña,  me decía  cuando me regañaba  por no hacerle caso “Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga”. Esta frase se ha convertido en un símbolo de la falsedad, en la síntesis más precisa del doble discurso, refiriéndose a  quiénes, resguardándose y parapetados en  una gran decadencia y en su autoridad pretenden que los otros cumplan con lo que ellos no son capaces o simplemente no quieren. Que es lo que hacen muchos altos cargos en este país. Y eso exactamente, es lo que hizo éste al pie de la letra. Hasta que se le acabaron los decires, y tuvo que dar cuentas a la justicia, terminando entre rejas.

Y si indignante es que se gasten unos los dineros públicos y no aparezcan por sitio alguno,  mientras los demás sí tributamos por todo, lo es aún más quien lucha  por los derechos de la clase obrera y está también en esa lista de privilegiados con tarjetas opacas, y no por gracia alguna sino por la suya propia. Aprovechándose de  unos privilegios en unos tiempos en los que dicha palabra está vacía de contenido para muchos sectores de la sociedad.

Me pregunto, si no  hubo ningún político que supiera de este entramado tan sucio, que no advirtiese a quien correspondiera del uso ilícito de unos fondos. Y los mismos beneficiados ¿No estaba en su deber y en su saber comunicarlo? Al menos por el ser mismo y por decencia.

Porque cuando media España estaba mal, unos cuantos estaban de película ¿Nadie controlaba nada? Entonces para que están. Creo que los políticos, son grandes actores. Antes de decirnos lo que les interesa públicamente - cuando nos lo dicen- ya lo han discutido antes y vienen con la lección bien aprendida.

Un político  me dijo una vez”Una cosa es la verdad pública en política, y otra la verdad publicable”. Por ello creo que son dignos todos de un Goya, porque cada actuación es digna de un gran premio. Sin ofender al gran pintor.