Sin ánimos de ofender

José Salguero Duarte

Me encuentro frustrado por culpa de los graves asuntos que acontecen en el planeta. Como es la masacre que el tirano sirio Bashar Asad, está llevando a cabo contra gran parte de su pueblo. Sin que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se atreva a cortarle las alas de una puñetera vez al genocida, para que cesen sus crímenes contra la humanidad.

Torres más altas, estimado lector, han caído y a Bashar Asad le deberá caer encima, más pronto que tarde, todo el peso de las leyes penales internacionales. Debiendo tener siempre, llegado el momento, todas las garantías procesales, ya que las personas de bien y demócratas no se deben comportar, nunca jamás, como él lo hace tan maligna y exterminadoramente.

Otro significativo caso que me ha crispado, fue la desafortunada intervención del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, criticando a los jóvenes que quieren ser funcionarios, al considerar esa función como una “enfermedad social".

Creo, que este monseñor, se debe dedicar a rezar el mayor tiempo posible, principalmente, para limpiar la mugre que existe en las catacumbas de su Iglesia. Porque haberla la hay y prueba de ello, es el reconocimiento llevado a cabo hace unos días sobre la pederastia, por parte del cardenal William J. Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el discurso que hizo abriendo en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, el simposio denominado: Hacia la curación y la renovación.

Al que asistieron más de un centenar de delegados de conferencias episcopales, así como, los superiores de una treintena de órdenes religiosas. Diciendo, admitiendo y reconociendo Levada que “en los últimos diez años nos han llegado 4.000 denuncias de abusos, que han puesto de manifiesto la inadecuada e insuficiente respuesta canónica".

Esos abusos, estimado lector, son cometidos presuntamente por clérigos de diferentes categorías contra menores de edad. Siendo una lacra que arrastra la Iglesia a nivel mundial desde que prácticamente fuera creada, sin que hasta la fecha se hayan enfrentado a ello, castigando y apartando del sacerdocio a los que utilizando la palabra de Dios, abusaron de niños y demás seres inocentes. Pero por fin, el Papa Benedicto XVI, ha dado un paso al frente para limpiar dicha mancha que tanto perjudica a la Iglesia.

Quiero finalizar esta tribuna, porque es de justicia hacerlo, con mis más sinceros reconocimientos y respetos, hacia las monjas y curas expandidos por el mundo, pasando toda clase de penurias, en favor de los menos favorecidos, pobres e indigentes de la sociedad. Como son los casos, entre otros, del cura Andrés de la iglesia de Pescadores de Algeciras y el cura Ángel creador de Misioneros de la Paz.

Reconocimientos y admiración, que se hacen extensivos a tantas y tantas mujeres y hombres anónimos, que se encuentran realizando altruistamente labores humanitarias en hospitales, albergues, casas de acogidas, centros de mayores, comedores sociales, bancos de alimentos, Cáritas…