jueves. 04.06.2026

Serapión Intocable

Juan Antonio Palacios Escobar

Se consideraba intocable y con el derecho a hacer lo que fuera de manera inmune e impune. Serapión era un triste y siniestro personaje que había conocido la España de los llenos y ahora era una víctima de un país con los bolsillos vacíos. Su actividad era el más vivo ejemplo de un cúmulo de negligencias, pero en su egoísmo sin límites su seguridad era lo primero y lo  demás se la traía al pairo.

Tengo entre mis manos el nuevo diccionario de la Real academia Española y he de confesar que a pesar de que cuenta con 5000  nuevos vocablos con relación al anterior, he de confesar que no encuentro la palabra  adecuada para sintetizar a nuestro personaje.

Quizás es que en ocasiones nos empeñamos por describir lo que vemos sin escrudiñar en lo que nuestros ojos son incapaces de percibir, dando riendas suelta a nuestro lado más creativo y embebido en la feria de nuestros sentidos olvidamos los detalles ocultos, y que nos dan a conocer la verdadera naturaleza de la gente.

 Serapión, no era integrante ni de la casta ni de la tribu, pero no había que ser muy perspicaz para descubrir que tenía poder y que con su inteligencia practica sabia aprovechar las sinergias a su favor, descubriendo que el misterio de las pequeñas cosas era más intuitivo y racional de lo que realmente aparentaba.

Aunque era muy precavido y se veía forzado a situaciones que no deseaba, siempre estaba dispuesto a superar los retos que se le presentaran y su olfato y sus intuiciones le hacían aprovechar las oportunidades. Conectaba con facilidad con la gente pero debía vacunarse de peligrosas amistades y alianzas

Intocable  en esta nueva etapa de su vida estaba dispuesto a disfrutar de cada segundo. Necesitaba sentirse y verse mejor y cortar cualquier hilo de dependencia que le perjudicara en su visión de la realidad, marcando la suficiente distancia y alejamiento para poner las cosas en su sitio y aclarar sus sentimientos.

Tenía que superar sus contradicciones y ser capaz de escuchar a aquella persona a la que tanto admiraba, y superar sus momentos  de sombras para buscar  las luces en hacer nuevos planes.  Estaba a punto de cumplir sesenta y tres años y quizás haciendo balance lo vivido era el momento de plantearse las cosas de otra manera.

Había descubierto que no era Intocable, como rezaba su apellido y que resultaba tan vulnerable y cuestionable como cualquier hijo de vecino, que a él lo habían entrenado como ganador  y tenía que aprender a ser una persona normal , con éxitos y fracasos, más quizás de los segundos que los primeros.

Y en este proceso iba aprendiendo cada día que no podía imponer su criterio y debía escuchar a los demás, que  era beneficioso para el mismo y quienes le rodeaban que organizase su pensamiento con el fin de obtener los mejores resultados y pensar de manera creadora para salir de la rutina.

También era necesario que conociera bien sus problemas para poderlos resolver y aprendiera a recordar con el menor esfuerzo posible todo lo que le inquietaba, a saber dominar sus angustias y ansiedades  y descubrir el secreto de la tranquilidad de espíritu.

Estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para que a partir de ahora, la suerte le sonriera, para aprender a dominar sus miedos y sobrepasar las dificultades inevitables.

Serapión Intocable
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