Ser socialista
Juan Antonio Palacios Escobar
Ser socialista, queridos lectores de TELEPRENSA.ES, es algo muy difícil. He de confesar que tras muchos años de militancia solo me considero, y lo digo sin falsa humildad, un aspirante. Porque afiliarse a un partido político es un acto voluntario, por tanto es un compromiso y debe significar mucho más que tener un carné. A partir de ese momento y más en el caso de una organización como el PSOE, que tiene 133 años de historia, supone actuar como un socialista, y ahí está la madre del cordero.
Hay una gran diferencia entre militar y estar apuntado en un censo partidario, entre figurar en una lista o asumir los principios ideológicos que orientan y sustentan al socialismo democrático, la manera de organizarse, de debatir y de tomar acuerdos con el resto de los compañeros-as.
Es también aportar a nuestro partido, nuestro esfuerzo, nuestro trabajo en la medida de nuestras posibilidades, desde su militancia de base, desde una responsabilidad institucional u orgánica, desde nuestro papel social en nuestro trabajo o en cualquier colectivo.
Nuestra voluntad debe ser sumar, jamás restar ni por equivocación, por eso para aportar lo mejor de nosotros-as, supone que ser socialista no es solo de tiempo en tiempo hablar de política, que es necesario, sano y saludable, sino que el PSOE es un instrumento al servicio de la sociedad, de mujeres y hombres unidos por una convicción, la voluntad de hacer felices a la gente como ya explicitaba en su artículo 13, la PEPA, de quien este año se cumplen doscientos años.
Por eso creo que se debe ejercer una militancia activa, comprometiéndose en la vida interna, tomando parte en las discusiones, aportando puntos de vista y compartiéndolos con los demás, expresando y defendiendo nuestras ideas, respetando a los otros, asumiendo y defendiendo la decisión mayoritaria, participando en la organización del trabajo, asumiendo y desarrollando la parte que nos toque.
Es importante hacer valer nuestra voz en los movimientos sociales, sobre todo en aquellos cuya principal finalidad sean promover la justicia, la solidaridad, el pacifismo, la igualdad, la equidad, y todo tipo de asociaciones que colaboren a construir una sociedad mejor.
También hemos de estar dispuestos a ayudar para elegir a nuestros candidatos en las distintas instituciones, mostrando nuestra disponibilidad para serlo si los compañeros-as nos eligen, además de colaborar con nuestros concejales o parlamentarios, para así ampliar y hacer más real la democratización de las instituciones.
Pero a ser socialista también se aprende, de ahí que alguien que aspire a ello, debe completar de manera continua su formación, porque debe tener argumentos para defender sus principios ideológicos, estando abierto a la permanente renovación de los mismos como proyectos de futuro.
La formación repercute, en primer lugar, y de forma directa en quien la recibe, pero es aún más importante que repercuta en nuestra organización y se concrete en una mayor implicación de la militancia, para que podamos extender nuestra ideas a través de distintos cauces y participar en todas aquellas actividades encaminadas a mostrar ante la opinión pública nuestra fuerza, capacidad y determinación.
Por todo esto y mucho más, ahora que los momentos son difíciles como el actual en los que el compañero Rubalcaba ha tenido el valor y el coraje de asumir la dirección, ser socialista me gusta, ya que supone una actitud de respeto hacia los demás, y aspirar a ser una buena persona y un demócrata militante, no permaneciendo jamás insensibles ni indiferentes ante los problemas de la ciudadanía.