Ser emprendedor

Francisco Giménez -fcogimenez@economistas.org-

Según los nuevos paradigmas de nuestra economía parece ser que el ser emprendedor será una de las pocas salidas laborales que tendrán jóvenes y menos jóvenes, para poder llevar un poco de estabilidad a casa, traducida a euros.  Lo de ser emprendedor no es una cosa nueva. Muchos de nuestros padres en los cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado, ya se buscaron la vida, algunos sin ir casi al colegio, para poder sacar a su familia adelante. 

Eran emprendedores a la fuerza, personas que vieron determinados mercados que podían tener necesidad de unos productos o de unos servicios y se pusieron manos a la obra. Pasada la etapa de bonanzas económicas inacabables, ha llegado una nueva, la de la crisis del mercado laboral donde ya nadie tiene puesto asegurado, donde el trabajo por cuenta ajena escasea y donde hay que volver a ser emprendedor a la fuerza. Mi consejo es que si no eres del tipo de emprendedor inventivo, que busca en cada acto y cada suceso de la vida una oportunidad de negocio, es mejor que seas un emprendedor de perfil menos arriesgado.  Hay todavía muchos campos en los que no es necesario inventar nada.  Porque si ya es difícil emprender una aventura empresarial lo es más si el mercado no existe o si es un producto novedoso o si es necesario generar una nueva necesidad en el mercado.

Para vender un producto muchas veces no hay que ser el fabricante del producto o la idea original, podemos fabricar un envase, un embalaje o un tornillo que permita que el producto funcione, o que una tapa quede cogida.  Igual ocurre en los servicios, podemos dar un toque de originalidad, una nueva forma de hacer las cosas, pero no tenemos porque hacer algo tan distinto que sea difícil convencer a la clientela de su necesidad.

Emprender debe ser entendido como una oportunidad laboral que generando más incertidumbres que el contrato por cuenta ajena, también genera oportunidades que no las dan esas ocho horas en una empresa donde se ficha a la entrada y a la salida y hay un descanso para desayunar. Emprender es desayunar siete veces un mismo día con potenciales clientes, es ser tu administrador, tu jefe de ventas, tu jefe de contabilidad y tu jefe de producción, es decir, un master de gestión empresarial en vivo y en directo. Cuando la empresa vaya mejor, tendrás que ir contratando o subcontratando a personas para seguir creciendo en el proyecto.

Desde mi punto de vista, hay dos partes más difíciles que otras en esto de emprender, y no es precisamente desarrollar el producto o servicio que se ha diseñado. La primera es la de vender, esto es, conectar con el cliente en el mercado y ponerse de acuerdo en una cantidad y un precio. La parte relativamente fácil es, una vez vendido, ponerse a trabajar en nuestro compromiso con el cliente. Una segunda parte importantísima es la gestión de los recursos económicos, que hemos recibido prestados, que debemos cobrar a los clientes o que debemos pagar a nuestros acreedores. No hay problema que más quite el sueño que no poder pagar o ver como nuestro proyecto se derrumba por la parte financiera.  Sin estas dos patas bien asentadas en el suelo podemos o queremos ser emprendedores pero nuestro éxito se encontrará limitado en su crecimiento.

Ser emprendedor no es la panacea, pero entre quedarme en casa contando los minutos del reloj o salir a la calle en busca de grandes oportunidades y retos que están por llegar, me agarro a lo segundo, porque lo primero se a donde me lleva.