Restituto Modales
Juan Antonio Palacios Escobar
Era una persona correcta y educada. Siempre respetuosa con los demás pensaran como pensaran. Un demócrata en el más amplio sentido de la palabra que en todas sus actuaciones era un ejemplo de rectitud y pedagogía en el que compañeros y adversarios podían mirarse, estuvieran de acuerdo o discreparan.
Por todo ello tenía el respeto y el reconocimiento de propios y extraños y procuraba tomar siempre la decisión adecuada para los intereses generales y no aquello que más le convenía según sus propios manejos y triquiñuelas personales o partidistas.
No se dejaba llevar de las provocaciones y se mostraba abierto a la colaboración de los demás. Su mentalidad no estaba restringida por las orejeras que no sabían mirar más allá de sus narices, y sabía cuándo tenía que estar y en qué momento debía irse.
Restituto con su esfuerzo y perseverancia, se mostraba lleno de energía y vitalidad. En las situaciones más complicadas y conflictivas procuraba mantener la cabeza bien alta de no haber hecho ningún despropósito ni haberse hecho famoso a costa de haber vendido su dignidad al mejor postor.
Sus aficiones y devociones las mantenía y alimentaba sin explosiones ni disimulos, sin celebraciones ni duelos, sin dietas ni banquetes, sin consignas ni claves, sin autenticidades ni falsedades, sin bienes ni servicios, ni acciones y ocupaciones.
Además de sus actitudes y saber estar con elegancia y discreción, Restituto sabía ser sencillo y humilde y en ese su andar por el mundo respetaba a todos aquellos que por cualquier circunstancia sabían algo más que él, por edad o por actividad o profesión.
Su elegancia estaba fuera de toda duda y con sencillez, cercanía y naturalidad aprendía de todo aquel que le rodeaba, sabiendo elegir el lugar y el momento preciso para hacer lo que tenía que hacer, sin ocultamientos ni aspavientos, con claridad y síntesis para que todo el mundo lo entienda.
RM sabía lo que se hacía y no perdía el tiempo en predicar teorías que no hubiera practicado, ni dar lecciones sobre cosas que no fuera capaz de hacer y entre su ser o no ser , buscaba la autenticidad en lugar de dar el pego con falsos mensajes.
Modales sabía ser respetuoso incluso con los hipócritas y falsos, que vendían su alma al mejor postor según corrieran los vientos, y entre ángeles y demonios, confidencias y rumores, cantos y encantos, casamientos y divorcios, trabajos y descansos, palos y astillas, opacidades y transparencias, tensiones y relaciones, intentaba encontrar su propia identidad.
Nuestro hombre, entre mitos y leyendas, insistencias y resistencias, pragmatismos e irrealidades, desasosiegos y ansiedades, se sentía nuevo aunque extraño y procuraba en cada momento aplicarse la solución que más le convenía, sin imitaciones ni complejos.
Entre confuso y misterioso, no lograba entender como por mucho que intentará meterse en la mente de los otros, no lograba entender la causa de algunos de sus comportamientos. Era como si alguna extraña fuerza no le dejara llegar hasta el fondo y escudriñar en lo más profundo de sus pensamientos.
Se sentía alegre y satisfecho por sus éxitos, y atento y con disponibilidad para rectificar sus fracasos. Y aunque muchas cosas no son lo que parecen, estaba dispuesto a seguir descorriendo el telón detrás del gran problema, en el deseo de que tal vez encontrara la sencilla solución.