Recaredo Obnubilado

Juan Antonio Palacios Escobar

Ser joven siempre ha sido una tarea difícil y Recaredo a  sus veintisiete años, tenía que centrarse y tranquilizarse .Aunque defendía que la protesta era un derecho, no  quería caer en las discusiones sin sentido y debía demostrar el equilibrio y la madurez de mostrarse receptivo con una actitud de apertura hacia otras ideas y actitudes.

Era un gran día y tenía la seguridad que entre la confusión y la destrucción, las cosas estaban saliendo como esperaba y comenzaban a  dar su fruto. Lejos de papanatismo y del puritanismo, se planteaba nuevos objetivos para no cometer viejos errores.

A salto de mata, salvando puertas y cerrojos, llaves y cerraduras, intentaba mediar para crear armonía y aportaba su sabiduría para elevarse por encima de las situaciones. Tenía que demostrar lo que estaba dispuesto a hacer entre su amor y su devoción.

Recaredo, envuelto en su despiste, se consideraba alguien que tenía mucho que aprender y también mucho que perder. Era muy comprensivo y no se iba a tomar a mal cualquier contrariedad que le saliera en el camino Invadido por vanas ilusiones y realidades consistentes, debía aprender a asumir las nuevas reglas.

Sabía que no era importante lo que hiciera como las reacciones a sus actuaciones, que vivir es el placer entre el ser y el existir .Nuestras decisiones nos debe llevar a  ser honestos. A reconocer siempre nuestros errores y compartir confidencias con los amigos y adversarios.

Estaba dispuesto a descubrir momentos nuevos, sin juzgar a nadie, dando la nota y yendo  con cautela para descubrir las cosas con perspectiva. Siempre dispuesto a luchar con denuedo ante tanta indefensión e incomprensión.

Debía actuar con toda la prudencia de que fuera capaz a su edad, sabiendo que si hay voluntad siempre hay un tiempo para un diálogo, qué templanza , cordura y sensatez , entre afectados y desafectados ,que  la experiencia nos enseña a situarnos lejos de los dogmas, sin discusión y con las proporciones lógicas para ser creíbles.

Uno de nuestras máximas  más populares atribuidas a Dolores Ibárruri,”, La Pasionaria” y que más tarde también afirmaría Ernesto Ché Guevara, que “más vale morir de pie que vivir de rodillas”  Tiene su plena vigencia en un mundo  como el nuestro, en el que hay lugares todavía de derivas autoritarias y ausencia de calidades democráticas.

Obnubilado rechazaba determinadas vulgaridades, y entre  éxitos y fracasos,  sujetos enrocados y enrolados, fracturas y facturas, claves e incógnitas, no  admitiría irresponsablemente que los demás acarrearan las consecuencias de sus actos.

Tenía, cuando se ponía a escribir,  entre la intranquilidad de lo frenético y la capacidad de imaginar nuevos personajes, la posibilidad de  encontrar a alguien original en sus fondos y formas. .Sabía que la calidad de vida era más importante que esa carrera desenfrenada por tener muchas cosas y estar en muchos sitios.

Estaba dando pasos muy importantes en el compromiso que había adquirido consigo mismo. Quería abrir su mundo a nuevas experiencias, lejos de la confusión y el desconcierto. Había encontrado el camino en la literatura .La excelencia de las palabras justas y los acordes perfectos le sabían a besos de hierbabuena, a lo esencial de las cosas bien hechas, al aroma de lo auténtico, a situaciones que aunque no dejan de ser de relaciones individuales pueden  aparecer como universales .Entre lo diverso y lo adverso,  manejaba el lenguaje de forma original para fantasear y soñar que recorría otros mundos.