Quién dijo que todo está perdido

Marcial Vázquez

Sin que ninguno lo haya pedido antes de nacer, nos ha tocado vivir el tiempo más complejo e impredecible desde la II guerra Mundial. Por entonces Hitler ejecutó un holocausto donde murieron millones de seres humanos, en su mayoría judíos, en los campos de concentración. Hoy, sin embargo, el holocausto se ejerce a través de los mercados, y sin necesidad de disparar una sola bala y abrir el grifo del gas mostaza Alemania ha conseguido implantar en gran parte de nuestro continente el Euroreich con la connivencia y complicidad necesaria de los gobiernos de los países sometidos que lejos de escapar de la historia ven en la Francia de Vichy un ejemplo a seguir, esta vez esperando mejor fortuna y reconocimiento.

Nos prometieron que con el Euro alcanzaríamos el cielo del PIB per cápita de nuestros vecinos europeos más avanzados, y mientras fue Alemania la que incumplió durante los primeros años sistemáticamente el acuerdo de estabilidad, todo estaba en orden. El problema vino cuando los llamados PIGS pretendieron apoyarse en Europa para salir adelante en una crisis que arrancó en EEUU pero que solamente las políticas anti humanas y anti sociales impuestas por Berlín la están haciendo en nuestras vidas algo interminable. Todos los países del Sur nos estamos devaluando y hundiendo en la ignominia de la historia para que Merkel vea crecer a su país aunque entre los alemanes no todo sea, ni mucho menos, color de rosa. Hemos creído sin dudarlo el mito de que Alemania debe ser nuestro ejemplo cuando la realidad germana deja mucho que desear. La diferencia es que Alemania esta vez ha decidido volver a dominar Europa y nadie en Europa le ha hecho frente.

Parece que nadie recuerda que los alemanes pudieron reconstruir su país y alcanzar altas cotas de industrialización y riqueza nacional gracias a las ayudas, préstamos, condonaciones y generosidad de los Estados Unidos y otros países vecinos de Europa. Incluso en la propia Alemania los desequilibrios entre el este y el oeste evidencian lo que habría sido de ellos sin las ayudas recibidas en los años de post guerra. No hace falta hacer política ficción: comparemos como llegó al 90 la parte occidental y cómo llegó la parte comunista. Esta última, cuando se derrumbó el muro de Berlín, estaba muy por detrás en desarrollo que España.

Ante esto los italianos han permitido que Merkel vuelva a jugar con su gobierno como hizo Hitler cuando estaba Mussolini. Un país, Italia, que fue protagonista de una civilización, la romana, que forma parte de las estructuras básicas de nuestros días en derecho y costumbres. Grecia, cuna de la democracia y de la filosofía, también ha permitido que la Troika y el FMI los lleve al callejón sin salida de lo que se conoce como “Estado fallido”. Según Almunia, ese farsante que deshonra al socialismo, que el FMI en sus recomendaciones a Grecia se equivocase es algo “normal y de humanos”. Y luego tenemos el caso de España que es donde con más sumisión y complacencia se colabora, desde el Gobierno, con los intereses impuestos desde Bruselas, que es lo mismo que decir desde Berlín. A esta derecha le pareció intolerable que Griñán dijese públicamente que él no quería “esta Europa” que nos estaban imponiendo. Un mandato que Rubalcaba ha debido de malinterpretar al pactar con Rajoy no sé qué sobre no sé qué cumbre sobre no sé qué Europa.

Los españoles, en su mayoría y sobre todo los que no somos miembros del PP, estamos sufriendo los años más duros de nuestra historia reciente. Y ante esto el Gobierno nos pide paciencia y resignación. Porque saben que solamente ante una sociedad dormida y que acepte sin críticas los latigazos que nos están obsequiando, podrán cumplir su misión política que es hacernos libres pero sin alas, enfrentándonos unos a otros para sobrevivir para así olvidarnos que somos un país maltratado por igual por su Gobierno.

No negaré que cuando hablo con mis amigos y gente que conozco, la desesperanza es total y absoluta. El pesimismo es ya una manera de sentir intrínseca al español, aunque solamente en algunos votantes del PP observo el placer de estar siendo sacrificados por “los suyos”. Sin embargo en el fondo de tanta desolación resiste un alma colectiva que está esperando su momento para volver a creer en algo o en alguien que venga a ofrecer su corazón. Que nadie nos diga que estamos muertos porque solamente han conseguido que suframos viviendo dormidos.