jueves. 04.06.2026

Protasio Perdido

Juan Antonio Palacios Escobar

Algo malo debía haber hecho como concejal de Aguas Cándidas, un pequeño pueblo burgalés, ya que ninguno de sus apenas sesenta vecinos le dirigía la palabra y es que Protasio era cuando menos raro y se pasaba el día haciendo honor a su apellido Perdido.

La última vez, hace tres meses , que se habían reunido en Asamblea en el Ayuntamiento ,  había recibido una aluvión de críticas , por haber propuesto eliminar las fiestas populares, ya que según nuestro protagonista  , no tenían sentido puesto que todos eran muy mayores y se pasaban muchas jornadas en sus casas.

Con su actitud había sido el creador de su propia realidad, llena de dudas y miedos. A sus 69 años, era uno de los más jóvenes moradores de aquel lugar y no podía culpar a nadie de los acontecimientos que estaban condicionando su vida.

El que tras jubilarse de su actividad profesional se disponía a disfrutar tranquilamente. Toda su vida la había pasado como médico curando a sus vecinos y ahora aspiraba a recoger los frutos del aprecio y afecto de sus gentes, pero había cometido dos errores presentarse a las municipales y hacerlo como integrante de la lista del PP, él que toda la vida había tenido fama de  ser hombre de todos con el único compromiso de  quedar bien con todo el mundo, lo cual es prácticamente imposible cuando se toma partido.

Siempre había demostrado que el poder estaba dentro de él, pero necesitaba afecto y comprensión. Entre pensativo y alicaído se encontraba luchando consigo mismo. Era el momento de ser atrevido y a hacer lo que tenía que hacer.

No podía actuar desde el enfado, ya que solo le perjudicaría. Debía respetar el espacio y la manera de organizarse de los demás. Si querían fiestas no podía oponerse, habría fiesta y tal vez debería plantearse que el equivocado podría ser él.

Se había sentido solo durante la última semana pero no podía dejarse de sentirse un  plebeyo en el mundo de lo regio , de perderse en la indefinición en lugar de ir al grano,, de no poder avanzar hasta sentirse totalmente seguro, de haberse sentido repleto de altibajos emocionales.

Todo el mundo le iba alertando de su desgaste y todos eran conscientes lo que se estaba produciendo, salvo él que no lo veía... De pronto algún sonido extraño y fuera de lo común le hizo ver  que era un ciego admirador que estaba en lo cierto, los hechos venían a darle la razón, sobraban postureos.

Estaba dispuesto a lucir lo mejor de su imagen, faltaban ideas y debates de altura, aunque procuraba siempre corregir para seguir avanzando. Sabía mirar de frente no en vano alguien había descubierto en él valores absolutos.

Debía moverse, hacer cosas, no quedarse quieto, era un buen momento para descubrir a todos, los retos y desafíos que debía superar para plantearse nuevos objetivos. No dejaba de escribir porque amaba la vida, si lo hiciera moriría por primera vez a través del olvido.

Sin complejos, no le importaba reconocer sus errores y pedir perdón. Atravesaba una de  las mejores etapas de su vida. Sentía una gran paz. Tenía que evitar los excesos. Tras tantos cambios y transformaciones psicológicas, estaba irreconocible, parecía más una máscara que su cara de siempre con esa dulce serenidad en la que apenas se notaban el paso de los años.

Atravesaba una buena racha. Empleaba el tiempo en cosas provechosas. Había aprendido a que desapegarse de cosas inútiles, nos reportaba grandes beneficios. 

Protasio Perdido
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