miércoles. 03.06.2026

Poderoso caballero es Don Tiempo

Jerónimo Medina, Teleprensa.com Madrid

He querido parafrasear el título de aquel romance de Francisco de Quevedo, que hace más de 400 años* dedicase a los poderes y la influencia del dinero sobre los humanos y la sociedad, para destacar lo que yo considero el valor más preciado, incorruptible y persuasivo que existe: el tiempo.

Es un bien tan preciado, que su valor lo es más que juntar las tres verdades deseadas: salud, dinero y amor. Nada es igualable, ninguna circunstancia es superior al férreo martillo pilón del tiempo, inalterable en su paso, impertérrito ante los acontecimientos, impávido soniquete que jamás se detiene. 

Si para tu divina felicidad lograras tener, en efecto: salud, dinero y amor; será inevitable pensar, ¿hasta cuándo? Hasta que el tiempo quiera que tu salud, dinero o tu amor lleguen al final. ¿Y qué quedará entonces? El tiempo. 

Existió antes, durante y después. Nos antecede, nos acompaña y nos superará. El tiempo es inagotable, infinito.

Puede parecer una contradicción, que algo tan abundante, a la vez se nos acabe. Cierto, pero el tiempo es nuestro Dios, tan cercano y lejano a la vez, el tiempo es sabiduría y eternidad. Coexiste durante nuestras vidas y marca absolutamente todo, para bien o mal. Siempre estará ahí, por más que queramos abstraernos, él seguirá avanzando y transformando el mundo al son que él marque. Porque el tiempo gana cualquier batalla, acaba con todos y vuelve a renacer continuamente para dar sentido a otros, para ilustrar el devenir de las cosas y llenar de momentos la realidad. En el fondo, somos tiempo, porque mientras sucede, pasamos yseguimos. 

Con mi humilde opinión, quiero transmitir una parte de la magia que encierra el oficio de escritor: el legado de la palabra escrita. Me gusta escribir porque es la única manera de existir, cuando ya no existiré. Un pedacito de mí, un pensamiento de hoy, puede permanecer en un futuro imposible para mí. Retazos de una vida, de unas vivencias que logran alcanzar una transmisión de mi ser, más allá de mis propias fronteras existenciales.

Y es que el humano, a lo largo de su trayectoria vital requiere del tiempo para ser elegido en su creación, para crecer, madurar y desarrollarse y lo que en una fase inicial se desea que pase rápido: para hacer y vivir las cosas de mayores. Después se invierte, queriendo retener el tiempo: para no hacernos tan mayores. Y llega un momento en el que somos conscientes de la paradoja intergeneracional, tenemos nuestro espacio propio y único, podemos estar solos y rodeados por una inmensa multitud, podemos hacer mil cosas o no hacer nada… Todo lo que sabemos cobra sentido, cuando ya menos sentido tiene saberlo.

Usamos la fotografía para capturar el instante, el vídeo nos ayuda a conservar una grabación de algo irrepetible, una canción nos permite disfrutar de un sonido por tiempo indefinido… Son los otros métodos, la alianza multimedia al servicio de las personas para que perdure todo aquello que, por naturaleza, está abocado a desaparecer desde el segundo siguiente al que ocurren. Actualmente la tecnología ha conseguido revolucionar el paradigma de la velocidad: podemos acceder a más, con menos dedicación y a gran velocidad. Todo por redimirse del tiempo.

Secuencia cronológica que mide y ordena los hechos, el tiempo es cuanto tenemos y mientras lo contamos, somos. No hay más verdad. Por eso, cuida y administra tu verdad, sé feliz de poder contarlo y ser: tiempo.

 

(*) El título original del poema, ilustre y conocido, decía “Poderoso caballero es Don Dinero” y fue escrito en 1.603.

Poderoso caballero es Don Tiempo
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