Pietro Previsor

Juan Antonio Palacios Escobar

Todo lo que pensaba y hacia lo llevaba escrito, no dejaba lugar ni tiempo a la improvisación. Pietro era un sujeto programado. Entre lo dicho y lo hecho todo estaba previsto en toda su variedad, desde los aspectos más serios a los más lúdicos, desde los más importantes a los más intrascendentes.


Entre sus dudas y la búsqueda de la seguridad, se encontraba en un debate interno y deshojando la margarita entre la afirmación de un NO y la negación de un SI. No sabía muy bien de donde sacaría fuerzas para continuar manteniendo la coherencia y no terminar decepcionando a todos y engañándose a sí mismo.


Como no dejaba nada al azar, acostumbraba a asumir la responsabilidad que le correspondía en cada momento, aunque se sabía perfectamente prescindible y no tenía ningún complejo en considerarse una persona con muchos defectos y limitaciones.
En sus previsiones sobre lo bueno y lo malo que era capaz de hacer, procuraba ganarse la confianza de quienes le rodeaban, sin dejarse llevar por cantos de sirena ni engañarse por falsas promesas, con claridad y sin ambigüedades, aunque asumiera fracasos exitosos o triunfos fracasados con la misma naturalidad.


Previsor estaba convencido que por mucho que se empeñara había cosas que le convertía en un ser débil e imprevisible, que no hubiera flores en un jardín en primavera le desconcertaba ni no ver llover en pleno invierno, que los políticos hablaran de acabar con la corrupción mientras continuaban permitiendo que los más sucios ostentaran fuertes responsabilidades públicas.


Había ocasiones en las que se sentía poético y jugaba con las palabras hasta construir una bella estrofa, mientras que otras utilizaba sus silencios para crear la sensación de saber todo aquello que ignoraba.,, aunque no era de los que hiciera promesas que después no cumplía.


Pietro era una persona de fiar, y jamás bailaba la danza de las conveniencias sino la del encuentro con él mismo y los demás, desde la autenticidad, la de la lucha en lo que creía y la rebeldía ante lo injusto, la de la irreverencia frente a la sumisión.


Pietro Previsor no lograba comprender y mucho menos admitir que hubiera asuntos intocables, que las cosas se hicieran mal pudiéndose ejecutar con destreza y firmeza, que se hiciera lo contrario de lo que se decía, que se ratificara lo que se debía rectificar.


Tampoco entendía nuestro protagonista que se empleará por pura pose o estrategia en ejecutar un objetivo el doble o el triple del tiempo necesario, y era un defensor a capa y espada que la palabra dada estaba para cumplirla, que no se puede ser más despreciable ni tener una actitud más deplorable que la de aquel sujeto que no se tiene ningún respeto y va mintiendo por la vida.


Poco amante de lenguajes especiales ni de cambio de significado en función de los intereses de cada momento, de mantener cautivos sus principios y valores en sustitución de sus intereses y lo que le dicten los poderes económicos.


Con su amplitud de miras con las personas y sus circunstancias lograba comprender la conducta de quienes le rodeaban, lo que no lograba admitir es la deslealtad, la incompetencia, el poder de los intoxicadores en un llevar y traer el veneno del enfrentamiento a través de la palabra.


Buscando nuevos caminos en el traspaso de su medio siglo de vida, había descubierto que a las cosas había que llamarlas por su nombre por mucho que se empeñaran algunos retóricos, y que a los sinvergüenzas había que gritárselos a la cara.