Rocío Rentero, Socia de Ferrer Arquitectos
El domingo pasado, mientras volvía pedaleando por el paseo marítimo a casa tras mi salida de fin de semana en bici, agotada, pero recreándome en esas fantásticas vistas de las que disfrutamos los almerienses, recordé mis años de estudiante en Sevilla a finales de los ´80.
En aquellos años, para tratar de redimir la mala prensa que entonces tenía Almería, de la que la mayoría de los sevillanos sólo conocían las manifestaciones por los precios del pepino y el tomate que aparecía en los informativos, lo lejísimos que estaba y lo inhóspito de nuestro desierto, solía organizar fines de semana con mis amigas en Aguadulce, en casa de mis padres, donde pasábamos el día tumbadas al sol, vuelta y vuelta y la noche… bueno, la noche también muy bien… Fantásticas mini-vacaciones, tras las que mis compis sevillanas, volvían a su tierra “achicharradas” y con un mejor concepto de Almería.
Todo perfecto, hasta que en algún momento de su visita alguna proponía: “oye, y por qué no vamos a Almería, a la capital”. Y alguna más la secundaba…¡horror! pero ¿qué les iba a enseñar yo?: esa Rambla llena de rastrojos en mitad de la ciudad, la falta de infraestructuras, de espacios verdes, lo sucia que era mi ciudad… Así que siempre encontraba una excusa (hoy no… mañana) o me las llevaba a Mojácar o Roquetas, pero a la capital, ni hablar!!
Y no es que no me sintiera orgullosa de mi tierra, pero sentía que la visión de esa ciudad que era Almería entonces, volvería a situarla de nuevo en ese lugar marginal que yo trataba de desmontar.
Pero eso fue hace mucho tiempo ya… porque el domingo, mientras pedaleaba, sonreía mientras pensaba como, justo el fin de semana anterior, una de esas amigas que vino conmigo hace más de 30 años, había vuelto a visitarme y lo diferente que había sido para mí su visita.
Le mostré orgullosa los Refugios y otros museos de la ciudad, paseamos por la Rambla, recorrimos el centro, el paseo marítimo, los comercios y bares de moda, además, era la Noche en Blanco así que la impresión no pudo ser mejor.
Por supuesto, todavía tenemos mucho por hacer en Almería: en la conservación y la limpieza, que es trabajo de las administraciones pero también de los ciudadanos, en seguir creando más espacios de esparcimiento y cultura y no solo en cantidad sino, sobre todo, espacios de calidad.
Y esto último, no es tanto una cuestión de presupuesto, sino de sensibilidad. En nuestra ciudad hay profesionales de gran experiencia y talento para hacer de Almería un referente en diseño, modernidad y buen gusto.
Tenemos tantísimo potencial y, sin embargo, nos falta ese toque de distinción que aporte un valor diferencial decisivo, no sólo para ser un destino turístico de calidad, sino para tener la ciudad que los almerienses deseamos.
Hace unas semanas participé en un taller sobre “Creatividad e Innovación en la Práctica Empresarial” en el que, como ejercicio práctico y en base a las distintas herramientas aprendidas en el taller, teníamos que aportar ideas para la consolidación del turismo en Almería.
Entre las conclusiones a las que llegamos en mi grupo de trabajo, destacaba la necesidad de definir claramente la ciudad que queremos para apostar con pasión y determinación por una idea que haga de Almería un referente en esa área determinada.
Según los miembros de mi grupo, el “picotear” en diferentes posibilidades, el querer “venderlo todo”, nos desdibujaba y restaba valor. “Seamos referentes en algo concreto y único y adornémoslo con toda la enorme oferta complementaria disponible en Almería”, era nuestra idea.
A nosotros se nos ocurrieron infinidad de posibilidades, imaginativas y factibles.
Y una nota para la reflexión, entre las barreras que frenaban el que no se llevasen a cabo más proyectos para el desarrollo turístico de la ciudad, la primera, para el grupo, era la falta de apoyo de las Administraciones a iniciativas privadas, algo muy triste y contradictorio si tenemos en cuenta que el impulso a iniciativas empresariales debería ser prioritario, y más en estos tiempos.
Mucho camino recorrido, pero mucho por pedalear.
