Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla
Se llama Enga, tiene 26 años y es de Camerún. Ha perdido a su bebe de 8 meses y a su hermana en el naufragio, esta semana, de la zodiac en la que embarcaron muchos y solo se han salvado unos pocos. Un precio muy alto para poder alcanzar un sueño.
Pero recuerdan aquel 1 de noviembre, de hace veintisiete años, cuando se encontró al primer magrebí muerto en la playa de los Lances, de Tarifa. Era la primera patera que naufragó en aguas del Estrecho, siendo éste el inicio de muerte documentada de inmigrantes que intentaron llegar a España.
Aquella imagen tomada por un periodista dio la vuelta al mundo. Era el comienzo de un drama, que continúa desde entonces hasta hoy día, sin que nadie haya puesto remedio, ignorando una realidad social que afecta cada año a miles de personas.
Y desde que se tuvo constancia de ese primer naufragio, ¿cuántas víctimas se han quedado en la profundidad del Mediterráneo? Éste marcó el principio de la tragedia en las costas españolas, que en los últimos tiempos ha continuado en aguas de otros países. Con un matiz aún más dramático, el sufrimiento de muchos pequeños, algunos pereciendo en esa misma travesía o con sus cuerpecitos inertes sobre la arena.
Me pregunto si sabemos cuántas personas han salido de sus pueblos y nunca han vuelto. Cuántas dadas por desaparecidas. Cuántas familias siguen esperando que regresen algún día. Cuántas pateras se han quedado hundidas para siempre en el olvido, al igual que la expectativa de una vida digna. Familias que poseen documentación de sus hijos de los que no han sabido desde que decidieron emigrar a la ansiada Europa. Una Europa que actualmente los devuelve o pone cuotas para su entrada.
En esta semana, ha sido noticia en los medios un nuevo naufragio. Parece que tienen que ser muchos los desparecidos o ahogados para que se remueva la indignación, las conciencias y volvamos a hablar del tema. Son 39 personas las desparecidas en este último naufragio en costas españolas que, por desgracia, no será ni el último ni el único.
Al igual que Enga de Camerún, que tendrá a su bebe y a su hermana siempre en la memoria porque el mar no le permitió que se quedaran en otro lugar… Hay miles de personas que salen cada día de sus países en busca de dignidad. Pero los estados con sus absurdas leyes impiden conseguirla. Y, por otro lado, tampoco se hace nada ni en sus países de origen, ni a los que se dirigen para solucionar este drama que lleva dándose tantísimos años. La única solución viable para algunos es aumentar la vigilancia en las fronteras o levantar vallas cada vez más altas y afiladas.
Y, como dice Sabina, “dónde ir cuando no quedan islas para naufragar”. Creo que, con el transcurrir del tiempo se convierten en pateras olvidadas, sin siquiera una isla donde haber podido llegar.
