Juan Antonio Palacios Escobar
Oportuno se había dedicado gran parte de su vida a la política. No era ni por pasión, vocación o devoción sino por puro interés, y porque había encontrado en ese ámbito su medio de vida. El que había comenzado tres carreras universitarias, sin terminar ninguna. Conocía todo tipo de trampas y argucias para colocarse y ser visible y necesario.
Había hecho del ejercicio de una de las artes más nobles, la política, un juego sucio y peligroso, más propio de mercenarios y mercaderes que de gente honrada, coherente y con principios éticos. En algunos momentos presentaba algunos rasgos de humanidad y no podía controlar la ansiedad de ser cada vez más poderoso.
Tramposo, casi siempre se encontraba en vísperas de nada y al final de todo y se había convertido en un verdadero especialista en manipular, generar desconfianza e influenciar a los demás con comentarios negativos y cuando todo el mundo estaba enzarzado en discusiones y peleas, el sin embargo pregonaba “aquí no pasa nada”.
Procuraba sacar partido de todo para sus propios intereses y entre tretas y trajines, era un doctor en mamandurrias aunque sin mucho arte ni fortuna en el trato con los demás. Sus aires de superioridad le solían traer malas consecuencias.
Nuestro personaje, en muchas ocasiones solo hacía honor a su apellido, el de Tramposo, por estafador y embustero, ya que por su nombre, su actuación era inapropiada, inadecuada e inoportuna. Incluso, en muchos momentos, su ausencia de tacto resultaba irritante, malsana y antipática.
OT, no podía permanecer estancado, entre represiones y depresiones. Ni podía aparentar entre su ambición y prepotencia, ser la reencarnación de un anacronismo. No podía permitir que el mundo le paralizara. La solución era tomar la iniciativa y no permanecer quieto e inmóvil.
Debía romper aquel círculo infernal y necesitaba emprender aquel viaje como si de una gran aventura se tratara y valorando todos los pros y contras, entre desvelos y relevos, tener tiempo para poner amor donde otros quieren colocar rencor, avanzar en lugar de retroceder, continuar en vez de tirar la toalla.
Oportuno Tramposo, a ratos y entre muchos ritos, entre prisas y tranquilidades, sabía que no debía obsesionarse por cuestiones baladíes, aunque siempre había algo que le inquietaba y le desequilibraba. Llevaba mucho tiempo buscando la aprobación de los demás y dejando de ser el mismo.
Necesitaba superar las jugarretas y las traiciones y sin caer en los excesos, descubrir nuevos mundos que le acercaran más al conocimiento de sí mismo porque había descubierto que todo podía salir de modo diferente a como se había planificado.
Como los grandes paseaba por la alfombra roja con ese punto, entre el miedo, el deseo y la incertidumbre, que tiene el halo del triunfador y consagrado y esa angustia paralizante del aspirante que ha pedido prestado el traje y no sabe qué decir, entre esencias y reminiscencias.
Debía demostrar su inteligencia y actuar de un modo sensato, sin arrastrarse en discusiones inútiles que solo nos conducen a sentirnos mal, perdido en la selva urbana, entre follones y polémicas, sin saber sacar partido a sus puntos fuertes y siendo víctima de sus debilidades.
No olvidemos que para tener suerte en la vida, solo hay que ser OPORTUNO, es decir estar en el lugar y tiempo justo.
