jueves. 04.06.2026

No hay peor veneno para una mujer que otra mujer…

Sara Montoya, teleprensa.es Sevilla

Entre los muchos artículos que podría elegir para intentar por lo menos influir e indagar en la mente de algunas personas, se me hace largo y espinoso el camino que la mujer quiere para sí sin actuar en consecuencia.

Hablo de mujeres que se rebajan, de mujeres que todavía se creen incapaces de salir al mercado laboral por miedo, porque se ven incapaces de forjar un futuro sin un hombre al lado que las guíe. Porque aún estando casadas, se sienten solas. Aún teniendo la alegría de sus hijos, no son felices, y aún sabiendo su situación, ni si quiera son capaces de saber qué les pasa y porqué las cosas no salieron como esperaban.

La sociedad y sobre todo la mujer, ha hecho mucho daño a la evolución de las metas u objetivos, si es que se permite tenerlos, que una pueda querer para ella.

Ni si quiera son conscientes de que, desde siempre, hemos tenido que ceder nuestra vida a los demás. Primero a nuestros padres o hermanos, luego a nuestro marido, luego a nuestros hijos, luego a nuestros nietos…y esto se vuelve simultáneo, dedicándonos a todos menos a nosotras mismas. Simplemente nos hemos dedicado a aceptar roles sin pensar si quiera que la mujer podría tener decisiones propias sobre sí misma. Estos efectos se sienten y de hecho, influyen a nuestro alrededor.

Existen mujeres empresarias, abogadas, directivas, mujeres independientes, con estilo, ideales, con ganas de comerse el mundo y tal vez cambiarlo. Tenemos millones de mujeres luchando por nuestros derechos en todo el mundo, tenemos millones de mujeres estudiando carreras, tenemos mujeres luchadoras, trabajadoras, herreras, obreras, tenemos mujeres de sobra para que la meta de una chica siga siendo casarse… Casarse para ser princesas por un día, y esclavas de por vida.

Hemos luchado lo suficiente para dejar de hacernos daño entre nosotras, y dejar de mendigar amor o la cartera de un hombre, porque ni sabemos querernos, ni cuidar de nosotras mismas. Y, ¿cómo pretendemos que nos quieran si ni siquiera nosotras sabemos hacerlo? ¿Cómo pretendemos querer si ni siquiera nosotras nos queremos? ¿Cómo pretendemos cambiar el mundo sino sabemos lo que queremos para nosotras, si mientras otras luchan las otras, quizás sin darnos cuenta, las contradecimos?

Suena bastante triste que en pleno siglo XI sigamos viendo estas actitudes en  países “democráticos” por lo menos. Podemos coger nuestro destino y ser buenas hijas, hermanas, madres, esposas y abuelas a la vez. Podemos cambiar el mundo enseñándole todo ese amor que guardamos dentro para nuestras familias, y tan poco para nosotras mismas. No podemos hacer nada desde nuestras casas mientras pensamos año tras año qué pudo fallar. Mientras nuestra vida se vuelve inservible e inútil, mientras nos vamos despreciando…

Muchas veces el camino más fácil suele ser el peor. El equilibrio que permite a la mujer el matrimonio, degrada a la mujer como persona en algunas ocasiones. Algunas mujeres tienen miedo de aprender con la vida, darse cuenta de las cosas, tienen miedo a crecer, a ser todo lo que la palabra “mujer” concierne, a ser nosotras y dejar de ser el apéndice de alguien. Muchas mujeres prefirieron no ser nadie durante toda su vida a aceptar la dualidad de la vida, ser alguien para después caer y renacer en otro alguien mejor.

Para que una persona crezca, debe ponerse a prueba, debe pasarlo mal para que cuando mire atrás vea todo lo que consiguió y sepa, entonces, valorarse. Sepa quererse y sepa crecer, porque una mujer que no se quiere no puede ser buena hija, ni buena hermana. No puede ser buena esposa, ni buena madre. Ni si quiera buena abuela, empresaria, ejecutiva, herrera, abogada, obrera, periodista, tía, sobrina, amiga…

No hay peor veneno para una mujer que otra mujer…
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