jueves. 04.06.2026

No estamos de moda

Rocío Rentero. Socia de Ferrer Arquitectos

Y es más, los que de una forma consciente vivimos la vida instalados en el “estado optimista”, podemos ser completamente insufribles e irritantes para los “estado berrinche”, “estado víctima” o “estado estresado”, entre otros.

Algunos vienen ya de serie, nacen con el “programa optimista” instalado, pero otros muchos no tienen esa gran suerte,  por lo que no les queda otra que trabajarlo pero, si lo quieres, lo consigues, eso sin lugar a dudas.

Y pasar al “estado feliz” no significa no ser crítico o asertivo, no significa volverte irresponsable  o conformista, tampoco es que, de pronto, la vida te sonría y las preocupaciones desaparezcan. ¡Ojalá!

Los problemas son los mismos: la hipoteca te deja la cuenta temblando todos los meses, los “bocados” de hacienda, las facturas, los días de bajón, la impotencia con muchas actitudes, la gente tóxica, la rabia ante las injusticias, el dolor… desafortunadamente, todo eso  sigue ahí.

Pero la actitud ya no es la misma, tu foco ha cambiado, te centras más en todo lo bueno de la vida, en agradecer todo lo que tienes, en tomarte las adversidades como un aprendizaje, en ver lo mejor de las personas, en hacer las cosas con alegría, en ver el trabajo como una bendición y una oportunidad para tu desarrollo y el de los demás, en repartir afecto y ser amable,  en no perder nunca la esperanza, en caer y levantarte, en ser valientes y coherentes.

Y es que, nunca podemos dejarnos vencer por el desánimo, por las circunstancias,  por lo establecido, por lo que hacen todos o incluso por lo que siempre se ha hecho.

Hace poco comentaba con mi hija el que considero como el mejor ejemplo de coherencia en las circunstancias más extremas: Victor Frankl,  nació en 1905 y fue un neurólogo y psiquiatra austríaco de origen judío que  sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau en los que, tanto su esposa como sus padres fallecieron. A partir de esa experiencia y desde la perspectiva de un psiquiatra, escribió el libro “El hombre en busca de sentido” donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración. En esta obra, Frankl defiende que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir con optimismo. Y no estaba teorizando, te lo aseguro, las situaciones que Frankl soportó eran completamente inhumanas.

Y con su ejemplo nos enseña que, al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la posibilidad de elegir la actitud personal ante las circunstancias que le rodean.

Eso, por supuesto, requiere mucha valentía y determinación pero todos, absolutamente todos,  tenemos esa opción.

Como él decía: el hombre es el inventor de las cámaras de gas, pero también es el que entra en ellas con paso firme y musitando una oración.

Y esa opción da mucho vértigo, para qué negarlo, pero también da una sensación enorme de libertad. La libertad y el optimismo que Frankl, en la peor de las condiciones por las que puede pasar un ser humano, eligió vivir.

Es imposible vivir una vida alegre y positiva desde un estado mental negativo.

El ver las cosas de manera positiva no es de ingenuos, ni, como me dijeron hace poco a propósito de lo que escribo, no resta credibilidad. Al contrario, yo creo que una actitud optimista es la postura que adoptan las personas con talento y resolutivas que siempre esperan los mejores resultados porque saben que tienen los recursos suficientes para alcanzarlos.

No estamos de moda, no, pero cada día somos más.

 

Rocío Rentero.

Socia de Ferrer Arquitectos.

Coach personal y ejecutivo.  Certificado Aecop n º CA159

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