jueves. 04.06.2026

No es verdad

Juan Antonio Palacios Escobar

En demasiadas ocasiones, queridos lectores de TELEPRENSA.ES escribimos con la intención de mostrar nuestro acuerdo u oposición con determinadas ideas, actuaciones o situaciones. Incluso en el colmo de la ingenuidad y el anticonformismo, con la esperanza de pretender cambiar algo, aunque seamos conscientes de lo difícil que resulta mantener la utopía.

Si aspiramos a ser libre pensadores y no juntar palabras al dictado de nada o de nadie, intentamos sacar fuera toda nuestra heterodoxia, por muy incómodo que nos resulte, nos rebelamos ante la injusticia, y exigimos todo aquello que debería ser y no es.

Pero por mucho empeño que pongamos en salvaguardar nuestra independencia, no es verdad que lo seamos del todo, y nuestros pensamientos, sentimientos y emociones que se van fraguando y alimentando a través del tiempo, van configurando quienes somos y la imagen que los demás tienen de nosotros.

Si a esto añadimos, que vivimos en un mundo dominado por una continua información, que circula en todos los sentidos por todos los medios y de todas las maneras, en una especie de infoxicación en la que se nos dice todo lo que conviene, pero nada de lo que nos interesa, de tal forma que se nos genera más confusión que reflexión, más ceguera que visión.

Presos de espejismos, nos perdemos en un desierto inacabable, en la que nuestra vista no alcanza a establecer los límites, y nos gustaría en un ejercicio de simplificación saber que es y que no es verdad en aquel océano de conceptos y palabras pérdidas, en la que tenemos preguntas para todo y respuestas para nada.

En un viaje inútil de abarcar lo que no comprendemos, nos apegamos o rechazamos a todo aquello que no conocemos, y en más ocasiones de las que creemos ,nos autoengañamos y terminamos enredándonos en el universo de las apariencias y los fenómenos vacuos, tomándolos incluso como si fueran sustanciales y fundamentales para ser nosotros mismos.

Uno de los escenarios, en los que este tipo de acontecimientos resultan más frecuentes es en el de la política, en el que la lucha de intereses, las relaciones nocivas y perniciosas, los múltiples condicionantes de todo tipo, proyectan una fotografía a la que no le hace falta ningún pie, salvo observarla con detenimiento, para descubrir los egocentrismos desmesurados o el aferramiento personal a las ataduras de un poder, que no es si no un anhelo compulsivo de permanecer.

Lo más peligroso es cerrarnos en que lo que creemos es la única y verdadera opción, y como nosotros “dominamos muy bien” lo que nos traemos entre manos, no existen otras posibilidades, sin darnos cuenta en nuestra tozudez que si lo hacemos, hemos conseguido que los demás, la mayor parte de las veces se abran a las posiciones que defendemos y las tomen en consideración.

El colmo de la torpeza es pretender ganar y humillar al interlocutor, en lugar de seducir y convencer, para que la otra parte encuentre una salida tan “ganadora” como la nuestra, y salve el amor propio, para que todos veamos el vaso medio lleno o medio vacío, sin que al final este se rompa y nos quedemos sin continente y contenido.

No es verdad que las cosas sean de un solo color o puedan ser vistas con unas solas gafas, que puedan ser definidas de una única forma, porque tal y como decía Henry Ford “tanto si creemos que podemos hacerlo como si no, probablemente tendremos razón”.

 

No es verdad
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