viernes 15/10/21

No creo que sean idiotas

Javier Salvador, teleprensa.com

Una cosa es comunicar y otra muy distinta gestionar. Es cierto que la comunión es el vehículo para poder trasladar a la población la gestión que se hace de los distintos asuntos, pero de ahí a sustituir todo atisbo de gestión por meras estrategias de comunicación es creer que el receptor del mensaje es sencillamente idiota. Y no, no creo que sean idiotas.

Cuando el PP lanza soflamas del tipo que estamos en tiempos mas peligrosos que cuando la extinguida ETA asesinaba en plena calle, o cuando VOX y otros se tiran al ruedo como únicos constitucionalistas, defensores de las familias frente al peligro de la hordas de izquierdas y cosas por el estilo, es sencillamente reducir la presunción de intelecto del electorado, de sus fieles seguidores, a una mínima expresión.

Reconozco que se me nubla la vista, y no es por este largo proceso de acostumbrarme a las lentes bifocales, cuando escucho en programas de televisión a la típica señora mayor, funcionaria jubilada con pensión máxima, marido retirado de la banca, sus pieles colgadas de pies a guantes y tomando un brunch en el típico mercadillo solidario navideño, para decir que este gobierno que viene es un esperpento porque quiere romper la familia. La primera opción es descojonarte de risa, pero automáticamente te obliga a la reflexión más elemental que puedes hacerte en estos momentos ¿cuál es el nivel de intelecto medio?

Obviamente ese es un ejemplo extremo por mucho que me refiera a una entrevista en una televisión hecha de forma aleatoria, pero siendo conscientes de que esas opiniones existen, tenemos la obligación de empezar a ser más serios a la hora de trasladar el mensaje, y si no llegamos a ello, por lo menos implicarnos de una manera mas decidida en esa fase que consiste en darle publicidad a las barbaridades que se pueden decir.

Esta, por mucho que lo crean, no es una labor exclusiva de los medios de comunicación, y precisamente porque el modo de comunicar ha cambiado tanto que los canales tradicionales, los medios de comunicación, ya tienen un peso relativo en esta tarea. Y me explico.

Un medio de comunicación de hace 20 años tenía la responsabilidad de trasladar a la opinión público aquello que acontecía para que, de manera independiente, el lector pudiese generar su propia opinión. Poco después se pasó a trasladar mensajes altamente contaminados con determinadas directrices de opinión, tomando casi el papel de prescriptores en muchos momentos, pero esa salida del tiesto es la que precisamente hizo que las redes sociales se convirtiesen en ese otro medio paralelo, uno sin filtro alguno en el que cualquier mentira o media verdad se puede convertir en una información viral.

Precisamente por esta sucesión de lamentables realidades de nuestro tiempo es por lo que cualquier partido político, aunque algunos no merezcan siquiera esta honorable definición, puedan trasladar únicamente mensaje, sin consecuencia alguna y sin necesidad de mostrar alternativas realmente viables a esos postulados. Por ejemplo, si eres capaz de decir que este momento de España es mas peligroso que los tiempos de atentados terroristas, deberías tener argumentos de peso específico que justificasen el porqué ahora estamos peor que cuando se acumulaban más de mil muertos.

Si me hablas del peligro de la ruptura de las familias, tendrás que mostrarme en qué parte de qué programa del contrario se dice tal cosa, identificando la raíz el peligro y las soluciones alternativas. Pero no es así. Somos víctimas de la mala política, de esa que usa la comunicación no para trasladar información, sino para confundir, desinformar y generar espacios en los que sólo cabe el populismo porque realmente no hay nada mas que ofrecer.

Así las cosas, las realidades de este país son muy sencillas de entender pero complicadas de gestionar. La mayoría del electorado que participó en las anteriores elecciones es de izquierdas, y por ello no cabe otra forma de formar gobierno que atendiendo a esa sensibilidad programática. Unos ganaron y otros perdieron, y ahora toca que formen gobierno los que ganaron.

Lo segundo es que en España hay un problema territorial, y además otro histórico, de desigual reparto de riqueza. Hay que solucionarlo y obviamente el único escenario que tenemos para hacerlo es la Constitución, la ley de leyes y última frontera del orden público que nos permite vivir, convivir o sobrevivir, cada cual que escoja su definición dependiendo de su estado de desesperación.

Todo partido que se presenta a las elecciones es constitucional. Todo voto que recibe cada uno de los partidos políticos es sencillamente un derecho constitucional de cada una de las personas que lo deposita en una urna, y aquel que intente acotar estos espacios a su propia comodidad para la gestión de su comunicación miente y, además, está descojonándose de los idiotas que les creen.

Así de sencillo, sin más ni menos matices.

No creo que sean idiotas
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