Juan Antonio Palacios Escobar
Sus padres le habían puesto aquel nombre que provenía del Nilo y que podía traducirse como “lo que Dios regaló a la vida “. Desde pequeño había sido un chico despierto, cariñoso y atento con todo lo que le rodeaba. Aunque se involucraba en todos los problemas de los demás, su actuación era difícil de determinar y en ocasiones resultaba compleja y paradójica e intentaba por todos los medios evitar el hábito y la rutina
También en la mayoría de las ocasiones, daba la sensación que le resultaba difícil conocerse a sí mismo, aunque a decir verdad no tenía miedo a estar solo. Nil sabía aprovechar las situaciones que le planteaba la vida, ya fuera una alegría o un drama, una situación positiva o un trauma.
Despierto siempre estaba abierto a nuevas experiencias. Su curiosidad intelectual le llevaba a la búsqueda de nuevas sensaciones, al no tener miedo de mostrar sus emociones ni sus fantasías, a explorar su mundo interno y externo.
Nil Despierto no se tomaba demasiado en serio sus errores y procuraba tomar nota sin angustiarse para no repetirlos, porque no dejaba nunca abandonada a su amiga, la curiosidad, y observaba al mundo sin dejar de preguntarse el qué, el para qué, el cómo o el por qué funcionaban las cosas.
No le importaba correr riesgos ni afrontar cualquier desafío, para salir y liberarse de cualquier perspectiva limitada, para intentar soñar despierto y evadirse del presente, para si hacía falta perder la noción del tiempo y envolverse en la bandera de la imaginación.
Tenía un gusto excelente y disfrutaba de la belleza sin perder la ocasión de rodearse de la misma bajo sus distintas formas, Siempre estaba alerta y como su apellido indicaba, Despierto descubría oportunidades que a otros les habían pasado desapercibidas.
Cada día para él, era de todo menos monótono y mundano y en su actividad casi siempre encontraba un tiempo para la meditación, la reflexión e incluso la crítica y la autocrítica. Era una máquina de generar noticias: el ejercicio físico le ayudaba a controlar el estrés y no se sentía víctima ni chivo expiatorio de nada ni de nadie.
Sabía cambiar de tercio y superar lo que tenía previsto si las circunstancias cambiaban, procurando cubrir algo nuevo y agradable, utilizando el sentido común , siendo productivo y eficaz , entre dulces y amargos , adicciones y drogas digitales, Nill sentía entusiasmo por lo de siempre.
Entre rapideces y tranquilidades, lo enigmático y desconocido le hacía pararse a reflexionar para no tomar decisiones equivocadas. Se preguntaba una y otra vez cada vez que se miraba al espejo cuando se sentía generoso y con ganas de compartir ¿Ya sonreíste hoy?
Despierto era un torrente de vivencias y supervivencias , empeñado en sacarle partido a su experiencia y empatía. Sabía que todo esfuerzo tenía su recompensa, aunque no debía distraerse de lo que era esencial y dedicarse a lo anecdótico.
En su equilibrio Despierto, había descubierto que cuando todos tienen su parte de culpa, nadie puede acusar al contrario de no haber hecho lo que él fue incapaz de llevar a cabo. Su intuición no le fallaba ni para bien ni para mal y se solía quedar con la primera impresión que le producían las personas.
Nuestro personaje sabía que lo importante no era lo que iba a suceder sino lo que está sucediendo, aunque el presente sea inestable pero el futuro es más incierto.
