Morir en París
Patricio González
Horror, solidaridad y condolencias por este nuevo atentado, yihadista y criminal, de nuevo en París. Se trata de otro atentado llevado a cabo con notoria efectividad asesina, capaces de organizar la matanza golpeando de manera coordinada y con elevados resultados letales, de forma simultánea en varios lugares diferentes aunque próximos, y con una variedad de métodos para matar.
¡Ojalá sea el último atentado! Pero ni mucho menos sorprende encontrar en un grupo de criminales tal habilidad logística, tal sabiduría maléfica al organizar y perpetrar el crimen, como en su día en Madrid, Londres, Kuwait, Irak, Somalia...Y, por supuesto, en París.
A los investigadores le corresponde averiguar quiénes son los asesinos, su identidad personal y social, de qué facción yihadista son, si ostentan o no un alto nivel de autonomía y espontaneidad, o más bien reciben órdenes de Al Qaeda, DAESH, etc.
No es fácil, evidentemente el rastreo y no lo es, en primer lugar, porque mayoritariamente estamos ante ciudadanos europeos, franceses en especial, de la segunda generación en su mayoría. Y no lo es tampoco porque resulta frecuente encontrar entre estos jóvenes airados (y entre estas vocaciones del Islam violento, extraterritorial e implacable en el uso de sus métodos y en la predicación de un estilo de vida), una fortísima conexión solitaria con las esferas tormentosas de la cibernética.
Además, se puede pensar que parte de los yhadistas que se integran en grupos criminales en realidad no lo son, o no lo son aún en Occidente, porque no han abandonado todavía las filas extranjeras que luchan en Mesopotamia, en otros lugares de batalla o en guarniciones que el DAESH estaría abriendo en otros países (Libia, Yemen, Somalia, etc). No lo son, pero después de este viaje iniciático lo serían en este penúltimo atentado en París o, Dios no permita que ocurra, lo serían en el próximo, precisamente porque han vuelto al país de origen o a otro país europeo donde pueden mostrar su experiencia, para continuar realizando crímenes una vez que ya han sido entrenados en las luchas de Oriente Medio.
En Francia y toda Europa, en mayor o menos medida y en más de una ocasión lloviendo sobre mojado, los crímenes de París, que ójala sean los últimos y no los penúltimos, probablemente acrecenten las tensiones racistas y xenófobas, previsiblemente aprovechadas por determinadas formaciones políticas populistas, de la extrema derecha . Sangre derramada, familias inconsolables y un especial nivel de crisis y desorientación entre políticos y ciudadanos, como también ocurrió en la España de marzo de 2004, es la lamentable herencia de tales actos de barbarie, indiscriminada, contra gente inocente que pasaba por allí.