Mi generoso “desastre”

Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla

En estos tiempos en los que impera el “individualismo”,  y en el que “el allá se las arregle cada uno con sus problemas” parece ser el  lema de muchos, he de decir que también suceden cosas inesperadas que hacen que dicha expresión se quede vacía de significado. Pequeñas cosas que demuestran  que no se puede generalizar, que hay personas generosas. Y esta, no sólo está relacionada con el aspecto económico, se puede ejercer de muchas maneras.

¿Qué por qué cuento esto? Empezaré diciendo que soy un desastre y, que mi cabeza igual está aquí  como en otro lado al mismo tiempo, así no es de extrañar que me pasara  algo que nunca me ha sucedido, aunque sea de lo más habitual: extraviar el móvil y para colmo nuevo- de esos que tienen de todo, pero justo le falta activarse solo y llamarte cuando lo pierdes-.  Bien, pues ese “gran drama” me sucedió a las tres de la madrugada, por lo que no me di cuenta, ni lo eche en falta. Sobre todo porque iba distraída hablando con más gente y no tuve necesidad de coger el inseparable móvil.

Como decía, no caí en que no lo tenía hasta que  llegué a casa  y sonó el fijo, obviamente me asusté ya que a esa hora no es habitual que llamen para nada agradable, a no ser que sea un alma generosa que se ha tropezado con un teléfono en el suelo y que estaba intentando localizar al que lo perdió.

No sé si me asombré más porque no tenía ni idea de que lo hubiese perdido, o al  comprobar que alguien se molestaba en encontrar al dueño del “dichoso teléfono” para decirle que lo había encontrado. Realmente me sorprendí. Y a la vez me dio alegría comprobar que hay personas generosas que creen en eso de   “todo aquello que des en la vida con generosidad, la vida te lo devolverá de igual manera”.

 A “Manuel” se lo devolverá, seguro. Él no venía de fiesta cuando lo encontró, venía de trabajar, por ello tiene aún  más mérito que, a las tantas de la mañana, te pongas a localizar a quién ha perdido un móvil para que no se preocupe.

Y, ¡tanto que nos preocupamos! porque parece que en los móviles tengamos un trozo de nuestra vida, o ella entera. Es triste pues al fin y al cabo no deja de ser un dispositivo electrónico que si, en algún momento sea por la causa que sea, te quedas sin él también nos quedamos sin lo más importante- los recuerdos- porque empleamos más tiempo en captar momentos con ellos que en vivirlos intensamente.

Hace poco ley una frase que decía: “De los mejores momento no hay fotos, no hubo tiempo de tomarlas”. Ahora, nuestros momentos, si no están captados por un móvil parece que no hayan existido. Y estos (los recuerdos) el mejor lugar para guardarlos es en la mente, al lado del corazón y cerquita del alma, donde  no se extraviarán  nunca. O al menos eso creo.