Francisco Joaquín Cortés García, Universidad Autónoma de Chile
El concepto de democracia está siempre en crisis y en continua revisión. No obstante, vivimos en un momento especialmente brillante desde el punto de vista de la implantación de la democracia de raigambre liberal. Un auténtico oasis en la historia. Nunca ha habido tantos países con sistemas políticos democráticos como en la actualidad. Ni en el pasado han existido tantas iniciativas democráticas como en el presente, ni las principales utopías futuristas recogen regímenes democráticos para nuestra sociedad venidera. Aunque nos cueste confesarlo, siempre entendiendo que existen realidades y países claramente antidemocráticos, y aceptando un claro alejamiento entre la democracia formal y material, vivimos en una suerte de época gloriosa en términos de implantación democrática que, vista con perspectiva histórica, probablemente sea mitificada por los historiadores cuando pasen unas centurias y la equiparen con toda seguridad al mito ateniense. La democracia no ha sido lo habitual en la historia, siempre ha sido una singularidad.
Pero como digo, el concepto de democracia evoluciona. Como evolucionan los conceptos de pueblo, masa o muchedumbre. En el siglo XX, Hardt, Negri o Virno retomaron el concepto político de multitud que ya desarrollaron Spinoza, Hobbes o Marx. El concepto de multitud se opondría al de pueblo como sujeto político, reconociendo el carácter poliédrico de aquél frente a la homogeneidad de este último. Pero quedémonos con el concepto de masa sin entrar en mayores sutilezas semánticas.
En la época de Gabriel Tarde y Ortega, como advierte J. Francisco Álvarez, el concepto de masa tenía un carácter eminentemente peyorativo. Masa era lo indiferenciado, lo irracional, lo imprevisible. La aparición de las masas introducían elementos retardatarios en el proceso de emancipación y maduración políticas. La masa era el peor enemigo de la democracia, generadora de importantes problemas, muchas veces insolubles. Posteriormente, en los años sesenta del siglo pasado, la masa incorpora un elemento transformador del mundo político. A la masa se le concedía un potencial performativo de primer orden que permitía acometer las principales cambios y transformaciones que nuestras sociedades requerían y demandaban. La masa empieza a adquirir connotaciones positivas, así como impulsos racionales y vindicativos. Posteriormente, ya en la actualidad, el concepto de masa se asocia a manifestaciones de la inteligencia colectiva, permitiendo poner a raya a los sistemas expertos y burocráticos, que quieren, a su vez, limitar la toma de decisiones por parte de la mayoría.
El privilegio de las masas (y de la democracia) es la duda, la duda que no pueden solventar los sistemas expertos. Sin ir más lejos, el principio de precaución es la manifestación contemporánea de la duda cartesiana, en la que la doxa adquiere carta de naturaleza frente a la racionalidad de los sistemas expertos. Sistemas expertos que han puesto de manifiesto en muchas ocasiones su incapacidad para minimizar riesgos para la salud humana o para el medio ambiente. La masa reivindica hoy más que nunca el privilegio epistemológico, la inteligencia colectiva. Una inteligencia colectiva plural y diversa que rompe con el principio tradicional de representación o procuración. El fenómeno se hace aún más complejo con la popularización de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, que están ampliando sensiblemente la diversidad inherente a la masa/multitud.
Probablemente sea en este tema donde haya que centrar el foco para explicar la falta de sintonía entre el sistema de representación política actual y el nuevo concepto de masa. En definitiva: el problema de la desafección política. El reconocimiento del privilegio epistemológico de la duda y de la masa (la doxa) supone romper con el concepto de representación política actual basado en la prevalencia epistemológica de los sistemas expertos. Los partidos políticos han de tomar nota y asumir que el sistema clásico de representación está en crisis, como lo están los conceptos de participación y de mayoría. Han de aceptar la duda, la doxa y las nuevas manifestaciones de la inteligencia colectiva si quieren encontrar su sitio en la sociedad que se vislumbra.
