Más dulzura y menos hipocresía
Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla
Nos hace falta hablar más, amar más, tener más fe. No poner fronteras a la vida ni a las personas. No inventarnos lo que el ser humano no es! Y es muchas cosas, pero nunca esclavo de la voluntad de otro.
Pensamos que el tiempo de la esclavitud pasó pero, actualmente hay esclavos modernos con amos modernos. Esclavos de miles de cosas inventadas por “todos”para poner yugos al semejante. Comprobando al mismo tiempo que, eso, se nos da muy bien.
Ya sabemos que para vivir en una sociedad ordenada tenemos que ceder una parte de nuestra propia libertad. Pero ya no es cesión voluntaria por nuestro propio bien, ya es impuesta por todos aquellos que poseen el poder. Y este (el poder) no es político es, con diferencia, económico con el beneplácito del otro. Porque uno y otro forman una simbiosis. Otra cosa es lo que nos quieran hacer creer que son. Y, otra también, es que nos los creamos, como un credo que se repite constantemente.
Parece que regimos nuestro destino a través del maldito dinero del cual, casi todos, hemos hecho nuestro altar particular sin darnos cuenta de que el verdadero altar que poseemos es nuestra propia dignidad y el amor hacia los que nos rodean.
Cuando reflexiono y analizo lo que nos envuelve, no sé si reír, llorar, sonrojarme o simplemente quedar inmunizada como parece que ya estamos, ante tanta mala fe, poca ética y mucho sermón de aquellos a quienes confiamos una parte de nuestra libertad.
Me pregunto si no será mejor guardarnos nosotros mismos, con nuestros propios principios. Probablemente el mundo iría mejor porque, según está ahora, va a la deriva seguro. Los valores inculcados importan poco o es que son muy frágiles. Parece que delante de unos “papeles en paraísos”, estos(los valores) se olvidan. Mientras los que sufren no se les olvida nada.
Son “daños colaterales” según algunos. Pero esos daños colaterales tienen siempre nombre, apellidos y, normalmente, suelen pertenecer a las mismas familias: los desplazados, los marginados, los que se tienen que buscar la vida lejos de los suyos, los que no viven en unas condiciones dignas, en fin... todos los que no vivimos en un paraíso sino en la tierra, en este mundo del que unos quieren hacer para otros, un infierno.
Y así con este panorama, que vivimos constantemente, deshumanizamos a la sociedad. Renunciando al más mínimo respeto, a la falta de delicadeza en nuestras relaciones. Por ello más que nunca el ser humano necesita ternura, necesita que le hagan reír más, que le amen más, que le demuestren que se puede confiar en los otros... Más que nunca necesitamos de dulzura y menos de hipocresía. “El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable “(Victor Hugo)