Martiniano Machacón

Juan Antonio Palacios Escobar

Martiniano que había colgado los hábitos porque decía no tener vocación para el sacerdocio y se veía incapaz de guardar la castidad, era persistente hasta el agotamiento. Él se decía a sí mismo que no sabía muy bien si eran influencias de los astros, no en vano, era un Tauro de libro, o quizás era algo genético que iba acrecentándose de generación en generación.

Su pueblo Agreda; bella población soriana, que es conocida como la villa de las tres culturas, por la influencia cristiana, judía y morisca que se ve en sus monumentos y que situada en el extremo nororiental de la provincia, en el cruce de  riojanos, navarros y aragoneses y que hizo decir al universal poeta andaluz, soriano de adopción Antonio Machado “barbacana hacia Aragón en tierra castellana”.

La familia Machacón era conocida por estas tierras por historias y hazañas que se habían transmitido por tradición oral,  desde tres siglos atrás como “los cabezones”, por su tozudez sin límites. Eran descarnados, sin trampas ni engaños y se les veía venir de frente.

Tal vez él había heredado esa testarudez familiar, pero su fuerza de voluntad había sido el motor para  conseguir muchas cosas que creía imposible, aunque debía aprender a  dominar su carácter, a no ser tan rígido, obstinado y cabezota.

Este cura arrepentido en muchas ocasiones , era tan tozudo que no veía más allá de sus propios ojos, se mostraba bastante borrico y su intolerancia se volvía incluso violenta ante cualquier opinión contraria a la suya, en un ejercicio de torpeza sin fin , pretendiendo que el mundo cambiara , en lugar de ceder el mismo en sus planteamientos.

Nunca se daba por vencido y si no era capaz de descubrir el tesoro en un lugar, comenzaba a cavar en otro, sin por eso desanimarse lo más mínimo. Lo peor es ante el fracaso, persistir en el error de continuar cavando en el mismo lugar y con las mismas herramientas, lo que no deja de ser una actitud perjudicial práctica.

Al hilo de la actualidad necesitaba recrear el lenguaje, sin que asomara ningún espectro similar al machaconeo que le permitiera ser fatalista y valorando bien la situación, pero siempre había alguien que se acordaba de él con mucha intensidad. Aquella situación necesitaba cambios drásticos.

Debía poner más empeño en sus tareas. Y sabía que no era buen camino encerrase en un mundo reducido de dos o tres que pretenden dar soluciones al Estado en todo momento y lugar. Cambiar de discurso le atraía, y  que estrategia  debía  mantener para fastidiar a los poderes establecidos.

Sabía concentrar sus energías en los objetivos que se había propuesto , sin caer víctima de un empacho de noticias , que además de producirle una gran confusión no le permitía pensar y reflexionar con sosiego y en profundidad sobre lo que estaba ocurriendo y sus consecuencias.

MM estaba sufriendo una transformación, algo estaba ocurriendo en su interior, se sentía de otra manera y no lograba averiguar qué era lo que le estaba pasando. Estaba convencido  de que entre miedos, estereotipos y prejuicios, debía abrir su mente a nuevas ideas y formas de ver las cosas.

Estaba convencido de que en nuestro país cuando todos somos responsables de todo, es la señal inequívoca de que nadie asume  lo que ocurre y todos acaban en un juego colectivo de tenis con la raqueta acusadora pasándole la pelota a quien puedan y no dando la cara por aquello que les corresponde en un ejercicio de cinismo, hipocresía y cobardía individual y colectiva, envuelto en una palabrería repleta de eufemismos y cargada de adjetivos hiperbólicos.