Maguncio Camaleónico
Juan Antonio Palacios Escobar
A Maguncio, que durante los últimos cuarenta años se había dedicado a la política, no se le conocía profesión ni oficio alguno. Había comenzado tres carreras y ninguna de ellas había terminado. Eso sí, demostraba una gran habilidad al modificar su personalidad o su manera de desenvolverse según la situación o el contexto.
Esta actitud le hacía aparecer a los ojos de los demás como el gran doctor de la falsedad. Su capacidad para modificar con una rapidez endiablada su actitud en función de las circunstancias le hacía ser admirado por propios y extraños, y en ocasiones temido por sus adversarios, que no sabían muy bien a qué carta quedarse con sus manejos y triquiñuelas para confundirse con el entorno y el paisaje.
Camaleónico era un superviviente capaz de superar cualquier situación, y aunque algunos no confiaban en él, terminaban sucumbiendo ante su mentalidad abierta y flexible para aceptar los cambios, pero sobre todo por su capacidad de empatía y seducción para convencerles de aquello a lo que se oponían con todas sus fuerzas.
Nuestro personaje vivía como nadie y como tal sabía responder a las adversidades, conflictos y obstáculos que le salían en el camino, a la vez que con sus encantos y su facilidad para desempeñar todo tipo de roles, lo mismo se mostraba como el ser más malvado que la criatura más maravillosa.
Siempre les ganaban la partida a aquellos que eran incapaces de variar un ápice sus planteamientos y no se mostraban predispuestos a ningún cambio, aunque fuerana conscientes de que con su postura sufrían terriblemente, permanecían estancados y en ocasiones padecían trastornos emocionales que solo le ocasionaban problemas de relación con los demás.
Maguncio Camaleónico, sabía que los cambios eran permanentes y continuos en nuestras vidas, y que había que estar en todo momento dispuesto para dar una respuesta rápida y eficaz, ya que en la sociedad al igual que en la selva aquel que no está preparado para responder perece víctima de los ataques de los depredadores.
En multitud de ocasiones se le había planteado el dilema de qué camino tomar, hacia dónde dirigir sus pasos, cuál era la solución a adoptar y en pocos segundos había sabido mudar de piel y resolver de forma adecuada el problema que la realidad le planteaba.
Sin embargo, había momentos, en los que era tal su ductilidad que en ese triple salto mortal sin red a la que le obligaba el guión, temía perder su identidad o que hubiese una situación a la que fuera incapaz de adaptarse, y notara que había perdido esa facilidad o esa disposición para encontrar la salida y desempeñar el papel de cada escena.
No podía juzgarse a Maguncio, entre los mejores del reparto, pero tampoco era de los peores del coro, simplemente había logrado con su mentalidad abierta y su actitud empática y seductora convencer a los demás del beneficio y la calidad de vida que le reportaba su actitud transformadora.
Lo que tenía claro es que en todo momento, era mejor tomar la iniciativa que quedarse quieto, a verlas venir, de que en la vida es inevitable tomar decisiones, y que éstas no siempre son buenas ni pueden pretender contentar a todo el mundo como si de la lámpara de Aladino se tratara, porque todos los deseos no pueden ser satisfechos si realmente aspiramos a continuar divirtiéndonos, a seguir jugando o aspiramos a vivir momentos en los que sentimos que somos felices.