Luigi Especulatore
Juan Antonio Palacios Escobar
Se encontraba triste y desganado. Sin ánimo de emprender ninguna iniciativa. Cansado de muchas cosas y deseando que pasase el tiempo y liberarse de aquella pesada carga de un caso con más ramas que un árbol centenario, que le querían endosar solo a él, aunque eran muchos los personajes que tenía agarrados por las entrepiernas.
Meticuloso y controlador hasta el agotamiento, lo dominaba todo y conocía hasta el último detalle de lo que le rodeaba. No dejaba nada a la improvisación ni creía en la casualidad. Nunca esperaba a que le llamaran y siempre le gustaba trazar su propia hoja de ruto, saber cual era su camino, sin que nadie osara cruzarse en la consecución de sus metas y objetivos.
Aunque sus padres eran napolitanos, Luigi, había nacido en Tierras valisoletanas, Medina de Rioseco, donde su familia regentaba una Pizzería y era gente apreciada y respetada, que se habían integrado plenamente en los usos y costumbres de la villa de los Almirantes de Castilla.
Nuestro amigo había leído un informe de Eurostat, que España, si nos dejaba el PP con la durísima reforma de las pensiones prevista, seríamos el país de la Unión Europea con una mayor proporción de mayores de ochenta años, por lo a sus cincuenta y cuatro, no perdía la esperanza de ser de los que alcanzaran el centenario, con su patrimonio y sin jubilarse por supuesto.
Estaba acostumbrado a que todo le fuera mil sobre hojuelas , como si nos existiesen trazos gruesos en la realidad que se convirtieran en verdaderos obstáculos en el goce de su existencia , cuando al revés que la mayoría de los mortales , la jodida crisis, la jodida crisis se había convertido en una mina que le estaba beneficiando y haciendo inmensamente rico.
En época de bonanza le había sacado todo el zumo al ladrillo, y ahora compraba y vendía lo que fuese, además de estar en los más variados negocios relacionados con la hostelería, el textil o la prostitución.También era un buen traficante de arte y había trapicheado con el contrabando de tabaco y otros menesteres.
Sus admoniciones sobre lo que tenía que hacer eran siempre premoniciones de lo que acababa sucediendo y gracias a su especial olfato y su falta de escrúpulos para meterle mano a lo que fuera, costara lo que costara, sin importarle lo más mínimo. Era, como su apellido, un especulador en el sentido más despreciable de la expresión.
En media de la tormenta de la crisis económica, su vida era como estar permanentemente en el filo de la navaja. Empujado en un tobogán sin control, al vaivén de los indicadores económicos de cada momento, de las subidas y bajadas de la noria de la bolsa, de los pendulazos de la prima de riesgo, el déficit, la deuda y otros elementos de la cruel cotidianidad que le mantienen el alma en vilo, aunque la banca siempre salía ganando y continuaba sembrando miseria, tristeza y desigualdad.
Como el aspiraba a tener más y más, a ser de los más ricos, en esa servidumbre del oro y el dinero, se había convertido en esclavo de todos los artilugios que forman parte de la liturgia de la nueva sociedad, y se pasaba el día en un insomnio sin fin, entre su iPad, su móvil última generación, su portátil y demás parientes tecnológicos para interactuar con el proceloso mundo de los mercados e intentando conseguir el mayor beneficio.
Eso sí, jamás arriesgaba nada de lo propio y siempre jugaba con lo ajeno, de tal forma que el negocio estaba asegurado ocurriese lo que ocurriese. Además de sus informaciones y habilidades, LUIGI ESPECULATORE había comenzado tres carreras universitarias, economía, derecho y ciencias políticas, pero no había conseguido finalizar ninguna de ellas.
Había hecho de su vida un espectáculo negociado, cuya finalidad era ganar dinero y acumular posesiones y poder como instrumento para someter a quienes le rodeaban.