Los muertos no caben en un sobre

Marcial Vázquez

Hace algunos años muchos comprendimos que pedirle a la derecha de este país que fuese democrática era algo totalmente imposible, porque políticamente son fascistas y alérgicos a la democracia. Ya lo dijo Fraga cuando le preguntaban por las primarias en el PP: eso de la democracia no va con nosotros. Posiblemente la mayor verdad que dijo en su vida el fundador de Alianza Popular.

El problema llega cuando uno espera que ya que son fascistas por lo menos sean decentes. Sin embargo tampoco es así. Ni demócratas ni decentes, porque la decencia no es algo que se enjuague con agua bendita o se compre con 4 ave Marías, sino que se lleva de frente y se demuestra en tus actos. Ya lo dijo la Biblia, “por sus hechos los conoceréis”, y a estas alturas son tantos los hechos que se acumulan en su haber que conocer al gobierno municipal del ayuntamiento de Almería se ha convertido en un juego de alto riesgo para corazones no aptos a políticas indecentes. Porque el problema llega cuando un gobierno no solo no respeta los derechos de los vivos sino que también vulnera el derecho de los muertos, y después del cobro indebido del IBI durante muchos años sin que nadie se diese cuenta de nada, ahora llega un nuevo capítulo de este alcalde ignominioso que tiene a su favor el no enterarse de nada porque está más entretenido en calentar su asiento del Senado que en defender a los ciudadanos almerienses. Un vicio, por otro lado, que no es exclusivo de los habitantes de la capital: ni los almerienses ni los roqueteros tienen un alcalde efectivo que se preocupe de ellos porque prefieren irse al Senado o buscar nuevos nichos de negocio político en la Diputación de Almería. ¿Sabéis como se llama a esto que hacen Luis Rogelio y Gabriel Amat? Estafa política, desprecio institucional y personalismo mesiánico. Y por supuesto incompetencia ejecutiva.

Decía esto de los muertos porque hace unas semanas pude conocer de primera mano la historia absurda y directamente corrompida de la nueva concesionaria de servicios del cementerio de San José. En primer lugar esta historia está corrompida porque la argumentación del Ayuntamiento para justificar que este servicio sea privado se basa en una mentira empírica: y es que aseguraron que mediante la concesión privada las tasas municipales no subirían para los almerienses. Ya solo en el 2012 un incremento del 7,30%. Seguimos. Casualmente el incremento de dichas tasas tendría que haberse aprobado en enero de 2011, justo antes de las elecciones municipales. Hasta agosto, una vez ya pasados por las urnas, no se aprueba la subida. Una subida que se sumaría al posterior incremento del gobierno fascista de Rajoy de un 8% de IVA en las funerarias al 21%. En este caso hay que comprender que en tiempos de crisis, la muerte es de los pocos negocios seguros. También ser del PP, como hemos comprobado hace pocos días con el superávit en las cuentas del partido de 9,54 millones de euros.

Pero no contentos con esto, aparecen una serie de irregularidades que van desde el pliego y posterior ordenanza a capricho de la nueva empresa a tener que indemnizar con 7 millones de euros a la anterior concesionaria, además de permitir a FUNESER la creación de un crematorio, algo que denegaron a CEAL. Por no hablar de las quejas de los marmolistas con las lápidas.

No voy a entretenerme a explicar los pormenores de las diversas tasas y condiciones del ayuntamiento respecto al cementerio y al traslado de los fallecidos porque son, directamente, una burla para los vivos y un insulto para la memoria de los muertos. Lo mejor que se puede decir a los almerienses que pasen dificultades económicas en estos momentos es que, si puede ser, no se mueran aquí, ni permitan a ningún familiar que tengan a su cargo que lo haga. El cementerio de Almería no es un cementerio para pobres, porque para este ayuntamiento han sido más importantes los intereses privados de una empresa con sede en Alicante que la más mínima humanidad y respeto por los ciudadanos que pagan sus impuestos.

¿Cuál es, en definitiva, la explicación final de todo esto? Teniendo en cuenta la cadena de casualidades siempre en beneficio de una empresa privada que hace un negocio fabuloso con los almerienses, no hace falta que lo diga, porque creo que se me sobre entiende. Los muertos no caben en un sobre, pero otras cosas, como la desvergüenza, desde luego que sí.