Los hijos del III Reich

Marcial Vázquez

Realmente extraordinaria es la miniserie llamada así, de producción alemana y, por lo tanto, una visión interna de todo ese horror que asoló Europa y quebró la historia de la humanidad. Todas las guerras son crueles, pero el nazismo fue mucho más que una guerra, fue una forma de vivir, de entender el mundo y al ser humano que llegó en Alemania no como un accidente sino como la consecuencia de muchos factores que, en la actualidad, de algún modo se repiten en muchos países del sur de Europa, incluido el nuestro.

Hitler no llegó al poder con una guerra, como sí lo hizo Franco, sino a través de las urnas, tras un pacto en 1933, después de 1 año convulso donde el partido nazi casi salta en pedazos y donde Hitler amenazó con volarse la cabeza. Lástima que no lo hiciera, pero esto es algo que nos demuestra como la historia muchas veces se encuentra al límite de la condena o la salvación del hombre. En política nada pasa por casualidad y todos los detalles, por pequeños que sean, no pueden ser infravalorados en el análisis histórico. Entonces la sociedad alemana estaba dividida, con una democracia hundida, con la República de Weimar llegando al final de su fracaso, y todo por un tratado, el de Versalles, que imponía a Alemania unas condiciones humillantes y que le obligaba a pagar una multa como el gran perdedor de la I guerra Mundial que hundió, definitivamente, cualquier expectativa de la democracia en Alemania. Entonces los alemanes sentían que el régimen democrático no daba respuesta, y ante la amenaza del comunismo muchas clases conservadoras apoyaron al partido nazi como contrapeso necesario al PC, y a partir de aquí Hitler se encontró con el apoyo tanto de los trabajadores como de las clases burguesas.

Sé que muchos podrán decir que es una auténtica exageración que recordemos la historia del nazismo en Alemania como un aviso de lo que puede volver a repetirse en muchos lugares de Europa. Sin embargo no hay frase más verdadera que aquella que nos dice que todo pueblo que olvida o ignora su pasado está condenado a repetirlo, y últimamente tendemos al olvido o a la ignorancia como recurso para no pensar o alejarnos de la política. Yo no creo que nada del pasado, por horrible que haya sido, no se pueda volver a repetir. El hombre es capaz de eso y más, y siempre existen escalones y escaladas a la hora de volver a implantar un régimen de terror y una cultura política totalitaria y excluyente.

Por ejemplo, ahora en muchos países del este de Europa a falta de judíos han decidido perseguir a los homosexuales, por ahora sin pena de cárcel ni campos de concentración. ¿Alguien asegura que ese odio, esas leyes, contra los gays no pueden pasar, con el transcurso de los años y el cultivo del odio y la homofobia, a que la homosexualidad esté penada como un delito de cárcel? Ya sé que muchos del PP aquí en España sueñan con ello, pero cuando un estado siembra el odio contra un colectivo señalado, nadie puede garantizar que ese odio no acabe siendo una futura violencia política y física contra los señalados.

En España, sin embargo, la violencia política que ejerce el gobierno fascista en nuestra sociedad es simbólica y directa a los valores democráticos. También a las instituciones, pero por ahora no es física.

Es una violencia que busca la resignación de los jóvenes, de las clases medias tan debilitadas, de los jubilados que ahora sufren la nueva puñalada aviesa y traidora del cobarde y embustero de Rajoy, y así sucesivamente. Tenemos un gobierno que no cuida a los españoles, sino que los usa en beneficio propio y solamente procura el placer de los suyos y el enriquecimiento, en ocasiones ilícito, de “la familia” popular. Y así hay que decirlo claramente: el PP gobierna contra los españoles y se enriquece a costa de los españoles.

Por esto mismo tienen interés en apartarnos de la política, en hacernos creer que todos los partidos son iguales, en minar la moral de los votantes de izquierdas o cualquier ciudadano crítico. La situación actual que vivimos, con un recorte de 33 mil millones de euros en los pensionistas, de más de 500 mil niños sin ayudas escolares, y de los casi 40 mil millones de euros regalados a los bancos y pagados mayoritariamente con el sacrificio de la gente más humilde de nuestro país, no se puede solucionar huyendo de la política, sino volcándonos en ella. La fórmula es simple: cuanto más política, menos fascismo; y cuanto menos fascismo, más democracia.