Locos… O poco cuerdos

Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla

Empezaré diciendo que ni me gustan los toros y mucho menos las plazas de toros. Pero tampoco me gustan muchas otras cosas y las tengo que aceptar porque esta sociedad,  tan “civilizada” en la que vivimos, las impone.

Pero dicho esto, no deja de sorprenderme que una simple foto de un torero con su hija en brazos delante de una vaquilla, cree tal alarma social y lleve a muchos a echarse las manos a la cabeza. Y más alucinante, que eso llegue hasta la fiscalía o el defensor del menor. O yo “estoy muy cuerda” o los demás están “muy locos”.

Prestar más atención a la foto de un torero con su bebe, y  no a niños que están en riesgo de pobreza, niños que hemos visto desahuciados de sus hogares en brazos de sus padres, niños asesinados por su progenitor… Y nadie ha denunciado la indefensión de ese menor. Ni nadie, o al menos no como en este caso, se ha pronunciado al respecto con tanta fuerza, es un poco surrealista.

Estamos perdiendo el norte. Nos sorprendemos y escandalizamos ante ciertas situaciones que, comparadas con otras, no merecen perder el más mínimo tiempo en ellas, ni ocupar portadas de medios. En cambio, no se hace con la situación de miles de niños refugiados que llegan a las costas europeas exhaustos. Y veo pocos micrófonos ante dirigentes políticos para preguntarles que piensan de ese drama. Y tampoco las redes sociales se revolucionan con ello. Porque en este caso de quién es la culpa, ¿de los padres que les arrastran a un viaje inseguro, o de los dirigentes políticos que dejan que lo hagan?

Esta sociedad cada vez pierde más los papeles. Y en nombre de la libertad colectiva, en muchas ocasiones, se conculcan las libertades individuales. Nos creemos con ese  “derecho” sin parar a pensar si es coherente o no. Simplemente porque determinados grupos consideran que es así. Antes dominaban unos y ahora lo hacen otros.

Dónde están los tiempos en que los padres llevaban en coche a sus hijos sin cinturón de seguridad, los tiempos que niños y niñas jugábamos en la calle y no por ello estábamos abandonados. Cuando nos llevaban al circo y veíamos animales que nos dejaban atónitos, y que ahora quieren prohibir ¿Dónde están tantas y tantas cosas ¿No querían esos padres sus hijos, o habría que haberles denunciado ante el defensor del menor? Se dice que  somos más libres, ¡pero creo que no! Estamos inmersos en un sistema que pone el “bien común” como enseña. Pero el común no será “bien” si no es el de cada uno respetando y no imponiendo.

En este país hemos pasado de un extremo a otro. De la permisividad más pasmosa, a la prohibición más absurda. Aristóteles decía que “en el término medio está la virtud”. Pero actualmente ni hay término medio, y virtud…Que cada cual la busque… Porque debe de estar muy escondida.