miércoles. 03.06.2026

Leoncio Controlador

Juan Antonio Palacios Escobar

Aprender le resultaba fácil, lo difícil era recordarlo todo de forma metódica y ordenada. No le bastaba con comprenderlo todo al primer golpe de vista sino que sentía una angustia terrible por controlarlo. A pesar de eso no parecía que tuviera las cosas muy claras, y en demasiadas ocasiones recurría a la mentira en esa desaforada y competitiva carrera con los demás


Especialista en superar vientos y huracanes, antes de hacerse adulto , durante su infancia y adolescencia, ahora que ya era una persona  madura de 57 años y con el firme propósito de hacerlo después, cuando no sabía las sorpresas y los secretos que le podía deparar el futuro.


En sus pocos ratos libres había encontrado el escondite perfecto en una casa frente al mar Mediterráneo, ese camino de todas las culturas y que Serrat había convertido en la canción más oída en castellano de la historia. Allí en aquella isla de Menorca se sentía distinto, como si no fuera un ser de este mundo, pero continuaba con la tentación de tenerlo todo controlado a través de su móvil, tableta, ordenadores portátiles y de sobremesa y demás artilugios de las nuevas tecnologías.


Leoncio no era de convivencia fácil, ya que resultaba egoísta al máximo, inmaduro a ratos y con tendencia  a frenar el camino de los demás. Confundía, estresaba y producía hartazgo en los demás ese afán en manipular sus vidas y agendas.


Su narcisismo le hacía enviar señales de atención cuando la gente no le hacía caso y procuraba que los demás se sintieran mal, diciendo que sufría  dolores, estaba  molesto o dolido, vamos alguien con un espíritu de insoportable. En el fondo era muy cobarde y  utilizaba sus explosiones de humor y las amenazas.


Controlador solía desconfiar de todo el mundo e incluso en su paranoia pensaba  que los demás eran como él y podían  leerle su mente y saber sus intenciones. Tal vez por eso llevaba tan mal que le hicieran preguntas aunque estas fueran intrascendentes y no tuvieran ninguna intencionalidad.


Leoncio buscaba permanentemente no solo la aprobación sino el elogio de todos cuanto le rodeaban sobre todo lo que hacía., aunque el rara vez reconociera los méritos de los demás y cuando lo hacía, insinuaba con mordacidad y malicia algún defecto de la persona afectada.


No solía aceptar un NO por respuesta y persistía cansinamente hasta procurar agobiar a su interlocutor para que aceptara lo que le decía. En el colmo de su atrevimiento intentaba definir la realidad de los otros y cambiar los planes que pudiera tener previstos.


Tenía la extraña habilidad que ante cualquier situación problemática o conflictiva, Leoncio jamás asumía responsabilidad ni culpa alguna  y esta era siempre de los otros. Además se hacía notar porque la mayor parte de su tiempo y verbo lo ocupaba en decir lo  despreciable, estúpido, malvado y ridículo que era el resto del mundo.


Casi siempre intentaba provocar y causar problemas entre aquellas personas que mantenían una buena relación, lanzando rumores, creando divisiones o contando mentiras, con lo que su principal objetivo de aislar a la gente se cumple en algunas ocasiones.
Leoncio Controlador no tenía amigos, sentía celos de todos y criticaba con especial crueldad a quienes gozaban del  aprecio de la gente. A veces intentaba impresionar con una falsa generosidad bajo cuya careta pretendía esconder su verdadera personalidad débil y miserable. Desde aquella ventana asomada al mar de Menorca  se había propuesto cambiar para bien y disfrutar de su vida comenzando por dejar al resto hacer lo mismo.

Leoncio Controlador
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