Aurora Cerdán, locutora de radio
Hace poco más de un mes, se celebraba el Día Internacional de la Mujer Rural, y entre muchas actividades conmemorando la cita, también se colaban titulares como “ El 59% de víctimas mortales por violencia de género en 2017 residía en el mundo rural”.“El mundo rural silencia la violencia machista”
La igualdad entre hombres y mujeres que está muy dañada o más bien, sigue enferma desde hace siglos y mejora muy lentamente; se convierte en el campo, en una enfermedad crónica e instalada en casi todos los órganos vitales de la sociedad rural.
Necesitamos un cambio positivo en el mundo, este que ha parido una mujer, que ha mimado una mujer, que ha cuidado una mujer, y que detrás de multitud de avances está la mente lúcida de una mujer. Aquella que ha hecho del mundo un hogar.
Violencia física y psicológica pegada al pellejo, tanta como arrugas cuenta la piel oscurecida ya de tanto sufrir bajo el sol.
La mujer trabaja codo con codo junto al hombre en las explotaciones agrícolas y para más ridiculez, hasta 2011 no se aprobó el Decreto de cotitularidad. Las mujeres cotitulares de explotaciones agrarias alcanzarán unos derechos jurídicos, económicos y sociales individuales hasta ahora negados. Pero lo que sí heredaron fueron los roles del cuidado de niños y ancianos, sus maridos no, ellos sólo sobre papel amarillento, la escritura registral de la explotación agrícola expedida ante el notario del pueblo cabeza de comarca.
Seamos realistas, la mujer del mundo rural ya tiene poder, mucho, el problema es que hay que enseñarle a que se lo crea.
El empoderamiento que merece, lo lleva en los genes, solo es necesaria la educación del hombre, y la formación amplia y alternativa para ella.
La mujer rural es quién mantiene y crea identidad local. Programemos medidas de sensibilización y concienciación para ayudar a las mujeres rurales a que pierdan el miedo a la denuncia contra el maltratador.
Agilicemos su incorporación al mundo laboral. No sé, pensemos entre todos; pidamos a los organismos la creación específica de cooperativas de interés social, sólo con el fin de emplear a estas madres y mujeres devastadas, para devolverles la dignidad arrebatada.
El acceso a Internet en el mundo rural ha mejorado un tanto las cosas para la mujer, con respecto al gran potencial de formación y cultura que demanda. Una mujer de ciudad tiene que hacer malabares para la conciliación familiar pero saca tiempo para oxigenarse eligiendo en qué gastar su poco tiempo libre. Una mujer en el mundo rural, tiene que hacer malabares y acrobacias para gastar su poco tiempo libre porque tampoco tiene mucho donde elegir …
A la sociedad en general y al hombre en particular, en las ciudades pero más recrudecido en el ámbito rural, les cuesta admitir que la mujer rural estudia, emprende, reivindica, transmite tradición, cultura pero cierto despunte, tambalea lo establecido por esa ley no escrita que aún se mantiene agazapada, como al acecho, para abalanzarse de vez en cuando sobre la próxima víctima de violencia de género.
