jueves. 04.06.2026

La secesión no es un 'problema político'

Marcial Vázquez

A estas alturas ya estamos saturados de usar y oír lugares comunes para hablar del “problema catalán”, empezando por esta misma expresión, que atribuye al hablar de un “problema” una responsabilidad difusa para poder adjudicarla al gusto del consumidor. Si lo de Cataluña es un problema será porque existen algunos más responsables que otros, empezando por quién ha llevado a los catalanes a este callejón sin salida que también afecta a la parte que los separatistas niegan voz y voto, es decir, a los españoles. A Rajoy y al PP se le pueden reprochar casi todos los males que sufrimos en este país, indudablemente, pero que existan 72 parlamentarios que decidan violar las leyes y la constitución y aprueben una “desconexión” de la legalidad, de España y, por supuesto, de Europa, no es culpa del actual presidente del gobierno.

En estas últimas horas es frecuente oír y leer a sesudos analistas que siempre acaban deduciendo que la posible secesión de Cataluña es “un problema político”. Y nada más lejos de la realidad. Por lo menos no es de manera exclusiva ni tampoco, si quiera, la parte más importante. En realidad, ¿qué es un problema político? aquel que puede solucionarse a través de la política. Por ejemplo, la cobertura sanitaria, la cuantía y las condiciones de las becas, o la inversión pública en planes de empleo en vez de rescates a la banca. Estos sí que son problemas políticos.

Pero afirmar que es algo “político” el que una parte de un parlamento decida “desconectarse” de España en un plazo de 18 meses y llame a desobedecer a las leyes y al Tribunal Constitucional, no es un problema político. Porque quien considere un problema político este acto de sedición parlamentaria, también consideraría en el pasado lo de ETA como otro problema político. Afirmar institucionalmente que vas a incumplir la legalidad vigente y vas a desobedecer a conciencia las sentencias de los tribunales a los que estás sometido es un desafío jurídico que debe de tener respuesta desde las leyes vigentes. Si usted deja de pagar impuestos, o decide beberse 6 copas de vino antes de conducir porque ha votado en su casa “desconectar” del código de circulación, tenga por seguro que irá o a la cárcel o al embargo de sus bienes. En el caso catalán este es el primer paso a seguir: aplicar la ley que corresponda a los parlamentarios que han votado la separación ilegal y unilateral del estado español.

Es curioso que alguien tan nefasto como Mas siga aferrado a la ilusión de volver a ser presidente. Presidente no se sabe bien para quién aunque sí para qué. Los catalanes en los últimos lustros han ido vagando sin gobiernos efectivos, empezando por aquel dañino tripartito que consiguió hacer presidente a un incompetente de la categoría de Montilla. Desde entonces el PSC apenas levanta cabeza, pero es que Cataluña ha ido a peor. En ese sentido una anestesia muy potente debe de haberse inoculado en la sociedad catalana para que hayan olvidado que todos sus males y su involución en casi todos los campos sociales, económicos y políticos, no han sido por el gobierno de España, sino por el no-gobierno instalado en la Generalitat. Han creado la ilusión de que yéndose del estado español todo volverá a ser orégano en Cataluña y muchos miles de catalanes han tomado esta mentira como dogma de fe.

Ahora bien, ante este desafío sobre la mesa puesto por el parlamento catalán, solo hay dos opciones: o se defiende la unidad de España o se da la razón a los separatistas.

 

Ya sé que hay quien habla de esa tercera vía, del diálogo como solución, pero yo me pregunto, ¿qué vas a dialogar con un parlamento que aprueba desobedecer la ley y crear un estado propio? En primer lugar si te sientas con estos mismos que proponen la separación, ya no es un diálogo, sino un chantaje. En segundo lugar, no se puede solucionar la situación actual con un referéndum pactado porque estaríamos creando un precedente peligroso en España- y en Europa- que sería imitado, sin duda alguna, en un futuro por otras regiones como, por ejemplo, en País Vasco.

El drama de todo lo que acontece a raíz del “problema catalán” es la manifiesta falta de idea de lo que es España por parte de una gran mayoría de la izquierda de este país, incluido el propio Partido Socialista. Defender la unidad de tu país no es algo ni de derechas ni de franquistas, es algo de demócratas y de políticos responsables con los ciudadanos que representan. Luchar contra un separatismo lleno de corrupción, podrido de mentiras y extractivo hasta límites penales, no es “hacerle el juego al PP”, sino defender un marco de convivencia y de futuro que se llama España. Si la izquierda española hubiese tenido claro que el separatismo golpista de la CUP y de Junts pel Sí no era bajo ningún concepto ni legítimo ni justificable, es posible que no hubiésemos llegado tan lejos, pero es evidente que Mas y sus mariachis buscan usar esas rendijas aún abiertas en el socialismo por donde colarse con el pretexto de los prejuicios anti españoles que tienen algunos.

La unidad de los demócratas fue innegociable para hacer frente a ETA. Y ahora debe de serlo también para defender la legalidad constitucional. Si la democracia española no cedió a los propósitos de los terroristas con cientos de muertos sobre la mesa, sería un insulto a tanto dolor y a la memoria de todas esas víctimas el quedarse de brazos cruzados, incluso mirando con simpatía, el circo perenne instalado en Cataluña con el infame propósito de desconectar España.

La secesión no es un 'problema político'
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