La insoportable levedad de Rajoy

Marcial Vázquez

Ayer asistimos a una de esas escenas insólitas en nuestro país y que se podrían catalogar como heroicas en los tiempos que corren. Me refiero, claro está,  a la sorprendente convocatoria de elecciones anticipadas en Asturias apenas 10 meses después de las últimas regionales, donde el partido de Cascos consiguió ganar por mayoría relativa.


Lo que ha hecho Cascos es una lección para muchos pero, sobre todo, para alguien en concreto, es decir, para Mariano Rajoy. Mientras nuestro presidente del Gobierno estaba en Europa presumiendo realmente de nada y poniendo a los españoles al servicio de Ángela Merkel, en Asturias ese hombre del que decían que todo lo había hecho obsesionado por volver al poder, convocaba a las urnas porque no estaba dispuesto a prorrogar los presupuestos. Todo gracias a la complicidad de un PP asturiano que no ha soportado verse superado por uno de los suyos, es decir, por un ex compañero de partido que ha dejado claro el verdadero complejo de Mariano, que por muchas cumbres europeas que disfrute nunca podrá superar de manera eficiente. Una cosa es ganar elecciones gracias a una crisis económica brutal y el suicidio político del rival, y otra es quedar deslegitimado justo allí donde se presenta otra figura clave de la historia de la derecha, ya que Rajoy presentó la batalla de las regionales asturianas como una especie de primarias internas camufladas creyéndose que la sola palabra marianil iban a procurar el milagro de la victoria de una candidata del PP que ni siquiera el propio presidente popular sabía exactamente como se llamaba. Yo no he visto mayor ridículo ajeno, ni mayor humillación personal, que acudir al acto de presentación de la nueva cabeza de lista y confundir su nombre. Pero estas son las cosas que han sucedido en el partido marianil y que se han solapado o silenciado gracias a los medios serviles de la derecha y a las urgencias económicas que centraban toda la atención política.


Lo mejor de todo esto es que justo después de las regionales el PP intentó pactar con el Foro Asturiano una presidencia donde, principalmente, Cascos no fuera presidente o, en su defecto, la derecha arenil tuviese una fuerte presencia. Claro que una cosa es no saber perder y otra no permitir que el partido más votado pueda gobernar legítimamente. ¿Se acuerdan ustedes de lo que decía el PP en Extremadura? ¡Tiene que gobernar el más votado! Sí, el más votado siempre y cuando sea el Partido Popular.


Todo esto viene a confirmarnos, además, lo que realmente dispone Rajoy: primero la sumisión a Merkel; luego la vendetta; y ya si queda tiempo respetar los intereses generales de todos los españoles. Alguien dirá que el PSOE podría haberse abstenido y facilitar los nuevos presupuestos asturianos, pero en primer lugar el socialismo es la verdadera oposición política, y en segundo lugar no está ahora la izquierda para actos de altruismo institucional. Tal vez algunos verían rentable este gesto de cara a la galería estética, pero posiblemente la desorientación progresista desaconseje el facilitar un gobierno a alguien tan de derechas como Álvarez Cascos, de derechas, sí, pero que ayer demostró más decencia, más coraje y más sentido de la democracia que muchos otros que se dicen llamar centristas.