jueves. 04.06.2026

La inmigración y la crisis

José Gabriel Criado Fernández

 No creo en la crisis, ni en esta ni en todas las anteriores, que han sido muchas. Está ocurriendo lo mismo que siempre ha sucedido a lo largo de la historia: Muy pocas personas dominan a muchas personas. Ahora, en un tipo de esclavitud dirigida a través del trabajo y de los préstamos en el banco.

    Esta situación de crisis se da por la especulación con el dinero obtenido por el esfuerzo de la masa trabajadora y está dirigida, no es casualidad, por una política económica a nivel mundial enfocada a mantener una clase social de muy pocas personas super-ricas a diferencia de otras clases sociales, como la clase social de las personas que mueren de hambre y enfermedades, la clase social de personas que no tienen trabajo para comer, la clase social de las personas que trabajan y sobreviven, etc.

    Pero sí creo en la política. A rasgos generales, actualmente, veo dos maneras de hacer política. Una, la realizada con el fin de potenciar la especulación del dinero y la opresión a las personas, que desarrollan los partidos de derechas y los socialdemócratas. La otra forma de hacer política es la de los partidos de la izquierda, que fomentan la libertad y la igualdad entre las personas.

    Un grave problema que se está dando en la forma de entender la política es que los partidos de derechas la desacreditan con el fin de confundir a la masa de personas que votan en las elecciones.

    La principal consecuencia de esta confusión se traduce en que una mayoría de personas opina que “los partidos políticos son todos iguales” o que “todas las personas que se dedican a la política van a lo mismo, a robar”.

    Así ocurre que una gran mayoría de las personas sometidas a la producción y a los bancos no tienen conciencia real de su lamentable estilo de vida, a la vez que fomentan la desigualdad social votando opciones de derechas. O simplemente obviando la política.

    De esta manera, los partidos de izquierdas se encuentran desacreditados, pues no pueden aplicar políticas de izquierda real, de progreso decidido y de economía democrática, ante la oposición de las propias personas más interesadas en ello. Esta situación paradójica ya la definió José Saramago, que se reiría buenamente por la ingenuidad de este artículo, en su Cuaderno de Lanzarote: La debilidad alimenta la fuerza para que la fuerza aplaste a la debilidad.

    El resultado de esta contradicción política es que las personas ricas y que especulan, a costa del trabajo o la vida de la gran mayoría de las personas que habitan este planeta, son las que dominan el mundo y las que nos obligan a vivir en sometimiento. Y en esta apropiación de la riqueza por muy pocas personas, pierden la mayoría de las personas, las que dependen de su trabajo diario.

    Colectivos como el de los trabajadores y trabajadoras inmigrantes son los primeros que pierden. Cuando una persona trabajadora de este país pierde su trabajo, porque hay que reducir gastos para ganar más, y su casa, para que también el banco gane más, pierde su dignidad, pero si resulta que esta persona procede de otro país y vive en este, además de perder la dignidad gana el rechazo de sus convecinos.

    En Almería, que en estos últimos 200 años ha sido especialmente una tierra de emigración, aún no se ha asimilado lo contrario, ser una tierra de inmigración. Especialmente en las comarcas de los cultivos bajo plástico, los movimientos económicos han sido generalmente especulativos, como lo fue con la minería, el esparto, la uva o ahora los invernaderos. Siempre se enriquecieron las clases poderosas y las multinacionales y siempre perdió la persona que sólo tenía el trabajo.

    Pero hay soluciones. Una es que las personas que sufren las consecuencias de los movimientos especulativos y de la usurpación de la riqueza, es decir la gran mayoría, se unan, creen asociaciones y salgan a la calle para reivindicar el derecho a la dignidad, a la libertad y a la vida.

Otra solución es apoyar políticamente a los partidos que realmente defienden los intereses de las personas, que plantean una vida digna para todos los seres, humanos o no, que promueven la igualdad de condiciones para todas las personas y el respeto a la naturaleza.

La inmigración y la crisis
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