jueves. 04.06.2026

La globalización como proceso

Francisco Cortés García, Universidad Autónoma de Chile

La globalización en nuestros días es, ante todo, un proceso. Un proceso que acaba de comenzar y cuyo desarrollo nos llevará décadas en las que se producirán profundas transformaciones en los ámbitos económico, político y social. La tecnología, especialmente la tecnología de la información, es el gran aliado de la globalización por dos vías: su capacidad de aceleración de los procesos por un lado, y su capacidad de homogenización del pensamiento y de la acción por otro. La subsunción de la ciencia en la tecnología será en breve una realidad en la que será muy difícil distinguirlas, al igual que será cada vez más difícil distinguir el pensamiento de la acción. En este sentido, y como consecuencia de lo anterior, nos enfrentaríamos a una cada vez menor separación entre la teoría y la acción, separación fundamental que nos permite garantizar la existencia de un pensamiento crítico y de un razonamiento ético. La consumación del proceso de globalización, por tanto, implicaría el pensamiento único y la feudalización de las relaciones éticas 

En este sentido, podemos decir que la globalización comporta una inequívoca pérdida de diversidad que tendrá profundas consecuencias para nuestros estilos de vida. Por utilizar un símil termodinámico, la consumación lógica del proceso de globalización supondría la muerte térmica, la eliminación definitiva de los gradientes económicos y sociales, y la eliminación de las posibilidades de arbitraje. En definitiva, estaríamos ante la desactivación del cambio social por la ausencia de alternativas u opciones para el pensamiento y para la acción. Iríamos en el sentido contrario al proceso civilizatorio que el sociólogo Herbert Spencer identificó con el paso paulatino de lo homogéneo a lo heterogéneo. La globalización, en estos términos, sería un proceso anticivilizatorio que nos llevaría a un claro retroceso intelectual con profundas consecuencias para nuestro patrimonio humanístico y la dominación del hombre por el hombre. Iríamos de los heterogéneo (diversidad) hacia lo homogéneo.

No queremos decir con esto que el proceso de globalización sea unívoco e inequívoco. Lo que sí parece lógico es que es un proceso que va en sentido contrario a la diferenciación, por muy tortuoso que pudiera parecer. En el camino de este proceso podremos encontrarnos con nuevas derivas que nos lleven por derroteros insospechados en la actualidad en busca de nuevos gradientes que permitan mayores beneficios para el capital financiero, que junto con la información, ambos elementos intangibles, son los principales beneficiarios de la globalización debido a su movilidad y a su fungibilidad. Pero, sin lugar a dudas, todas estas derivas serán secundarias y conducirán a una menor diversidad económica, política y social, así como a un sobredimensionamiento de los simbólico sobre lo real (por ejemplo: prevalencia de la economía financiera sobre la economía productiva) y a nuevas formas de dominación del hombre sobre el hombre.

Pero quedémonos en el proceso, es decir, mucho antes de la eventual muerte térmica, o lo que es lo mismo, antes de que se consuma la prevalencia de lo homogéneo y el fin del cambio social. El proceso de globalización, apoyándose en la tecnología y en la fluidez de la información, es y será conducido por el capital financiero, la mayor abstracción económica conocida, y que en la actualidad impone sus reglas al resto de factores productivos, especialmente al trabajo. El capital financiero, extrasimbólico, se ha desvinculado de la economía real, y, en la actualidad, por cada euro que se mueve en el mundo en economía real y productiva se mueven sesenta euros en la economía financiera. Una economía global y prácticamente desregularizada, la economía financiera, que se mueve a velocidad electrónica, permitiendo aprovecharse de los arbitrajes derivados de los distintos gradientes existentes: fiscales, ambientales, jurídicos, laborales, etc. Pero es más, la economía financiera tenderá sistemáticamente hacia su sobredimensionamiento por su regla matemática interna de crecimiento (la ecuación de capitalización compuesta) que es de naturaleza exponencial, mientras la economía real crece bajo premisas lineales.

La posibilidad de aprovechar estos arbitrajes por parte del capital financiero está acelerando, por una lado, la tendencia homogeneizadora de la globalización, pero, por otro, está incentivando la existencia de sistemas diferenciales que ralenticen la movilidad del resto de factores productivos. La existencia de paraísos fiscales, así como de regulaciones jurídico-económicas diferenciadas por países, permiten al capital financiero aprovechar estos gradientes antes de su muerte térmica, a la que Marx denominó como perecuación de la tasa de ganancia.

La globalización como proceso
Entrando en la página solicitada Saltar publicidad