La derecha quiere el mundo

Marcial Vázquez

Parece que esto de la globalización no solamente se ha limitado al marco económico sino que también se ha extendido a las conexiones políticas de la derecha planetaria. Hasta hace pocos años uno podía observar las grandes diferencias entre la derecha de Estados Unidos, de Alemania, de Italia o de España, aunque tuviesen algunos rasgos comunes. Precisamente uno de los principales logros de los republicanos de EEUU era su lealtad al país y su respeto a las reglas políticas americanas. No es que no tuviesen también intereses espurios en juego, pero digamos que el pluralismo imperante en Norteamérica dejaba un amplio margen de honradez patriótica para cuando les tocaba gobernar a los demócratas.

Todo esto funcionaba así hasta que apareció el “tea party”, que es como una versión española de la derecha americana: homófoba, clasista, racista, fascista y profundamente anti democrática, conjugado con la deslealtad insultante cuando no ocupan ellos el poder. Alguien en el partido republicano ha debido prestar atención a las prácticas habituales del PP en España y ha decidido probar si su fórmula electoral basada en el “que caiga España” también puede valer para los Estados Unidos. ¿Cuál es el principal problema que tienen allí? Que hay sectores republicanos que no pueden soportar que se implante un plan de sanidad universal. Todo empezó, sin embargo, porque al periodista Santelli le pareció intolerable que Obama preparase una ley anti desahucios para las familias americanas amenazadas por este problema. El nuevo movimiento colectivo que empezaba a configurarse no podía aceptar que un presidente socialista como Barak les obligase a ser “caritativos” con los que menos tenían. Incluso con los que podían perderlo todo. Porque esta es la verdadera cara de la derecha actual: inhumana, totalitaria, sociópata y desalmada.

Cuando hablamos del sistema sanitario estadounidense, hay que entender que el 20% de su población está sin cobertura médica, y que la mitad de las quiebras familiares en la última década se han debido a no poder pagar los tratamientos hospitalarios o de cuidados progresivos. Pues bien, ahora los republicanos están dispuestos a llevar al país al abismo con tal de impedir que Obama solucione este problema, imitando el estilo del PP en la oposición a Zapatero en los peores momentos de la crisis económica inicial.

Todo esto de EEUU quedaría como una anécdota lejana si no fuese porque en Europa nos encontramos con un panorama similar, pero a mayor escala incluso. La derecha alemana es la que ha decidido sumir a todos los países del sur en la miseria con tal de servir a sus propios intereses. Aquí apreciamos una derecha alemana nacionalista que vuelve a extender su concepto de “espacio vital alemán” por encima de cualquier consideración europea o monetaria.

Con el agravante de que tras estas elecciones estamos a punto de ver un gobierno de coalición entre Merkel y el SPD, cuando la mayoría de las bases del socialismo alemán ha rechazado tal unión. Algo similar a Italia, que gobierna la izquierda con el apoyo chantajista del partido de Berlusconi que acaba de poner en jaque al gobierno italiano. ¿Cuál ha sido la sorpresa? Que por ahora todo apunta a que el propio PDL va a dejar tirado a Silvio con tal de salvar al gobierno nacional y continuar en coalición. Es decir, que la derecha italiana puede estar volviendo a comprender los intereses nacionales por encima de los suyos propios de poder.

En España, por supuesto, se junta en nuestra derecha todo lo malo de todas las derechas mundiales pero sin nada bueno. El Partido Popular es la peor derecha que existe en toda Europa, la cual ya no solamente saca a pasar el aguilucho sino que ya hasta se empiezan a ver esvásticas nazis en exposiciones escolares. Y este es, precisamente, uno de los grandes fracasos de nuestra transición: la derecha actual es mucho peor que la derecha de entonces, porque en 1975 compartían la idea de crear una España democrática y plural y ahora en el 2013 solamente quieren un país o suyo o roto, pero nunca rojo y libre.