La cara oculta de la luna
Sara Montoya, telepensa.es Sevilla
Creo que la inspiración me llamó esta noche para contaros algo más de las noticias que relatamos quizás sin entenderlas, de gente que las lee sin darle un ápice de sentimiento, de gente que consume información sin sentir ninguna empatía. Hoy, hablo de aquellas noticias anónimas que no flotan en el agua como si de mierda se tratasen.
Hablo de un mundo que esconde realidad, que oculta unas realidades con otras y dice siempre de lo que hay que hablar. Hablo de gente que compra órdenes por moda, cánones por vida y sacrificio por belleza. Hablo de que se pague por callar y no por hacer justicia.
El mundo tal cual lo percibimos lo hemos formado nosotros en su totalidad y me tiemblan las manos mientras que escribo que cada uno de nosotros somos culpables por él. Por girar la cara e intentar sobrevivir siendo igual de egoístas que aquél que alguna vez nos hizo daño. ¿Por qué creemos que los malos siempre vencen y ganan?
Nos pasamos la vida intentando dar con la tecla del comportamiento perfecto para tener éxito. Y ésta pasa mientras buscamos desesperados la fórmula algebraica que nos dé ese éxito. Nos proveemos de falsos amigos a los que solemos llamar “contactos”, de falsas promesas o peor aún, de promesas incumplidas. De ínfimos detalles que tenemos para con los demás que relatan en nuestro subconsciente una vez más el egoísmo del que emanamos.
Lamentablemente, tras los años llegamos a la conclusión de que la única fórmula posible de tener un atisbo de éxito son las “máscaras”. De las que nos ocultamos y las cuáles ignoramos y, que sin darnos cuenta, cuando queremos ser nosotros mismos ya es demasiado tarde para retirarlas. Sin embargo, aquello que llamamos éxito es otra alucinación costosa. Llamamos éxito a desperdiciar el presente para un futuro que nunca llega, repleto de cosas inservibles. De ropa de marca que cuesta lo mismo que una persona que tal vez en su momento valió la pena.
Señores, el mejor marketing es el miedo y la inseguridad. Pues ésta servidora suya solo requiere el éxito que le brinde una vida apacible a sus hijos. Luego sus hijos serán unos inútiles por haberlos escondido tanto de esa realidad de la que les hablo. Seguridad es proveerlos de buenos colegios, de un presente también sacrificado para un futuro que nunca llega. Para un éxito que nunca existe y para una felicidad errónea. Quizás la diferencia sea que tardarán más años que yo en darse cuenta cómo funcionan las cosas. Quizás para ellos sea demasiado tarde y solo lleguen a ser los peces chicos comidos por peces gordos que creen que la seguridad se mide en armas, la riqueza en ventas y la felicidad en existencias. Solo serán stocks de una sociedad provista de gente que intenta matarse porque desconfían de sus hermanos.