jueves. 04.06.2026

Herederos

Jaime J. Leyva, Periodista cultural

Qué fácil es escuchar aquello de 'la herencia recibida' en estos tiempos de abdicaciones y convulsiones sociales, donde el argumentario y la agenda social parecen renovarse, donde cada día que pasa, la sensación de estar entrando en una época nueva es más patente y las calles parecen pedir a gritos la reconstrucción de un país ajado con ganas de cerrar pasados y abrir presentes y futuros. 

Eso en España no es cosa fácil, ya que las 'herencias recibidas' parecen más 'herencias secuestradas' o controladas en demasía, como si los herederos nunca alcanzaran la mayoría de edad necesaria para gestionar dicho legado. La generación de `'los preparados' nacidos desde mediados de los 70, se siente un poco así, con su protagonismo social arrebatado, con una herencia que parece no le dejan gestionar. ¿Sentirá lo mismo el nuevo rey? ¿Tendrá la misma sensación de control? ¿Se sentirá realmente libre para administrar su herencia? Ya nos contestarán sus actos y sus días.

Ceder el testigo no parece fácil para los poderes que han gestionado los 40 años de democracia, la forma de echarse a un lado del rey padre, que mantiene intactos sus privilegios y el título de alteza real, de ahí que tengamos dos reyes, no hace más que corroborar la idea de tibieza democrática que nos invade, los herederos políticos y sociales de este país no tienen herencia ni libertad para gestionarla, es una especie de mírala pero no la toques, ya nos encargamos nosotros que la conocemos mejor, te diremos como tienes que hacerlo hasta el día que seas tú el que no quiera ceder una herencia que nunca tuvo. 

De este modo, el inmovilismo parece invadir todos los cuerpos sociales. La sensación es la de estar taponando una herida a la que parece que le vendrían mejor unos puntos de sútura para que empiece a cicratizar de una vez por todas. Las nuevas generaciones de este país necesitan sentirse partícipes de su historia. El tiempo de volver a decidir qué tipo de sociedad queremos está aquí y los que nos dejan esa herencia, algo maltrecha, insisten en manejarla, dirigirla, gestionarla. Pero llegará un momento en el que los herederos tengan que hacerse cargo de ella sí o sí.   Y creo que tanto al nuevo rey, como a la mayoría de sus nuevos súbditos, les va a tocar un protagonismo para el que quizá no fueron preparados. Hay que construir un tiempo que pide paso, el de los herederos desheredados, que claman al cielo por una nueva democracia, porque la vieja parece estar agonizando mientras se empeñan en entubarla, y mantenerla a base de parches, el testamento ya está escrito, ¿Dejarán hacerlo efectivo?

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