Gisela Graciosa

Juan Antonio Palacios Escobar

Gisela no intentaba hacer reír a los demás, haciendo honor a su apellido, le salía de lo más profundo de su ser y era en el mejor sentido de la palabra Graciosa. Su sentido del humor le hacía ver el lado más positivo de las cosas, empezando por relativizar su propio papel y contagiar a los demás del sentido de la vida, de que esta puede ser maravillosa.


Nunca se sentía superior a nadie, pero sí segura de lo que pensaba y sabía liberar su ansiedad entre lo que esperaba que sucediera y lo que realmente ocurría al final. Con frecuencia somos paradójicos, porque aquellas cosas o situaciones que nos parecen más aburridas, son las que más gracia nos hacen.


A Gisela, cualquier cosa podía hacerle reír, pero sus continuos despistes lingüísticos eran de las cuestiones que más comicidad le provocaban. Sin embargo una de las características que más valor daba a sus palabras era la ironía, tan usada como incomprendida.


Era en el mejor sentido de la palabra una persona divertida, que sabía observar el mundo de una manera muy especial. Aprovechaba todos los momentos de subida, comenzando por aquellos en los que metía la pata, los que no admitía ningún cambio o los malentendidos.
Siempre estaba preparada para ser el centro de atención aunque no lo pretendiera, aunque cuando se encontraba entre personas que no conocía bien, se limitaba a escuchar, y ver de qué temas hablaban y cuales les hacían reír.
Huía de confundir a los demás y le gustaba sorprender. Para ello, Gisela sabía medir sus tiempos con maestría y procuraba aprovechar cualquier oportunidad para sacar fuera su agudeza. También tenía Graciosa el don de la oportunidad.
Hay quienes no logran hacer reír a nadie, sino todo lo contrario, por su inconveniencia, ya que cuentan chistes y gastan bromas en los momentos más inadecuados, como bodas, funerales, lugares de culto o aquellos otros en los que el público está atento al espectáculo.
Graciosa era muy observadora hacia todo aquello que le rodeaba. Estudiaba las situaciones y las personas y no soportaba más obligaciones y responsabilidades que las que realmente quería, lo que le permitía mantenerse alegre y optimista.


Cuando necesitaba evasión y reposo, sabía frenar el ritmo y dejar las decisiones importantes para otro día, pero en el colmo de su fantasía imaginaba a langostinos que picaban y mosquitos con sus patas articuladas en las profundidades del mar.


Odiaba las mentiras, tergiversaciones y manipulaciones, y se sentía eufórica cuando conseguía darle un sentido utilidad a su actividad. Siempre procuraba buscar una salida diferente y favorable a la solución de los problemas, desde la convicción de que todo era posible.


A veces se quedaba atrapada en las profecías de los viejos charlatanes, pero nunca presa de los pánicos de los asustadores, y mucho menos agobiada y superada por los acontecimientos. Más bien la vida le producía gracia, porque en muchas ocasiones era capaz de imaginar lo imprevisible.


Su ingenio y frescura le permitía cambiar de tema con frecuencia, lo que atraía la atención de los demás. La expresión de sus manos y su cara hacían el resto para hacer de Gisela, una mujer graciosa y divertida.