Juan Antonio Palacios Escobar
Feliciano era natural de Facheca, un pueblo del norte de la provincia de Alicante, en la Comarca del Condado de Concentaina, enclavado en el valle de Seta, entre las montañas de Serrella y Alfaro, con apenas 100 habitantes y en la que nuestro hombre había pasado su infancia antes de irse a estudiar a Madrid.
Lo planificaba casi todo, procuraba aprovechar al máximo todo lo que tenía, reutilizando y compartiendo, y era bastante ahorrador consumiendo lo necesario. Gustaba de frecuentar la naturaleza y todo el mundo se preguntaba cuál era su secreto para permanecer tan joven y conservar las esencias de sus ideas y sus ganas de vivir a sus 63 años
Dada sus dotes de vitalidad y creatividad, aunque le gustaba tenerlo todo previsto, cada día era como si interpretara una nueva función en al que se levantaba el telón por primera vez y le irritaba cualquier debate que conllevara a conclusiones aparentemente disparatadas.
Cada vez que abría la boca procuraba cuidar y medir sus palabras para que no fueran un arma mortífera contra el mismo, pero también tenía que acostumbrarse que todo no podía estar controlado y que siempre había que dejar un espacio y un tiempo para la improvisación aunque esta estuviera prevista.
Lo que a veces imaginaba , en ocasiones sucedía y se le permitía manejar los tiempos de otra manera, con la experiencia que le daban los años y permitirse el lujo de tomar el café cucharada a cucharada , aunque en el fondo lo único que pretendía era contemplar y recrearse en la espuma de su capuchino.
Planificador era positivo, trabajador y eficiente y en sus relaciones personales lejos de angustiarse en hacer méritos innecesarios, renovaba sus afectos, enamorándose cada día de la persona que quería. Con su tenacidad podía conseguir cualquier cosa que se propusiera.
A pesar de su espíritu absorbente había aprendo a no inmiscuirse en los problemas de los demás y a arrimar el hombro si quería conseguir algo porque nadie le iba a regalar nada, por muchas mentiras que le contaran y cuentos de la lechera que le fabricaran.
La realidad que es única para colocar a cada cual en su lugar, le llegaba con un campo oliendo flores , un levante con sabores a mar , una ciudad con perfume a tierra mojada y azahar y una humanidad encerrada en sus nichos urbanos desprendiendo la fragancia de los sudores de sus cuerpos desnudos.
FP era bastante leal en todos los sentidos y nada ni nadie habían logrado romper sus alas de ángel. La discreción era su mejor arma y siempre había aceptado con naturalidad, que en la vida nada era eterno. Se acababa una etapa y comenzaba la siguiente de la manera más natural.
Estaba dispuesto a cambiar la manera de ver las cosas, valorar las situaciones en su justa medida sin presiones , agobios ni ansiedades .A estas alturas de su vida se atrevía , casi en todo momento , a decir lo que pensaba , a no perderse en chifladuras y tonterías por muy de moda que estuvieran o elegantes que parecieran.
Con los años había logrado un grado de armonía muy alto, sin el lastre de palizas y pelmas, aceptando los amargos y disfrutando de los dulces, superando los ensayos y saboreando los estrenos. No le exigía más a los demás de lo que él era capaz de darles, y con unas dosis de ironía y sentido del humor procuraba ver algunas cosas que antes le molestaban con cierto relativismo
