Farmacéuticas, nuestro trade off
Francisco Mancera
John Q. (2002) dirigida por Nick Cassavetes nos acongoja con la determinación desesperada de su protagonista (interpretado por Denzel Washington); ante la imposibilidad de pagar el trasplante de corazón de su hijo decide entrar armado en el hospital tomando varios rehenes hasta que operen a su hijo. Esta denuncia (basada en hechos reales) al sistema sanitario de los EE.UU. pone en valor nuestro sistema de sanidad pública universal, tristemente desmantelado por el actual gobierno. Aún así, lo poco que nos queda sigue siendo más solidario y justo que el americano… veremos cuánto nos dura.
Me es muy sencillo comprender la angustia de los familiares y enfermos de hepatitis C, dramáticamente parecida a la del verdadero John Q. La aparición de Sovaldi, con su principio activo Sfosbuvir (C22H29N3FO9P ), medicamento fabricado por la multinacional estadounidense Gilead ha puesto a nuestros enfermos en la misma situación que el hijo de John Q: el remedio a su enfermedad existe pero no pueden pagarlo y la sanidad pública española no sé lo da. En España, y gracias al oscurantismo del ministerio de sanidad, no sabemos cuánto cuesta el tratamiento necesario para curar a un paciente. La horquilla del coste parece que se sitúa entre 60.000 y 20.800€. En cualquier caso, el presupuesto del ministerio no alcanzara para pagar el tratamiento a todos los enfermos de España. Lo que en la práctica supone la condena a muerte de una gran mayoría de ellos.
El proceso de obtención de una cura a una enfermedad es muy lento y muy costoso. Las farmacéuticas realizan una altísima inversión, con la incertidumbre de su éxito. Si fracasa todo lo invertido se pierde. En el caso de que la fortuna sonría, se patenta el medicamento lo que permite venderlo en régimen de monopolio. Es decir a un precio fijado unilateralmente por el laboratorio y que está muy por encima del coste directo de obtención del medicamento. El sistema de patentes se utiliza en casi todas las actividades económicas: el artista vende su obra defendida por una patente que se llama derechos de autor, los refrescos se venden con una patente que se llama marca. Si hablamos de las patentes de los medicamentos y no de otros casos, es que condena a muerte a aquellos pacientes que no pueden pagar el precio, aunque en la mayoría de los casos sí podrían pagar su coste directo de fabricación.
Muchas son las voces que claman por una modificación de las reglas que rigen las patentes de los medicamentos, que permitan una mayor competencia entre laboratorios: los famosos genéricos. Genéricos que abaraten el precio, salvando la vida a miles de pacientes. Cuestión que se agrava si consideramos que los costes de su investigación ya se pagaron, lejos en el tiempo (los economistas hablamos de costes hundidos).
Una farmacéutica es dos negocios en uno. Por un lado tenemos la venta de los medicamentos aprobados por las autoridades sanitarias, algunos de ellos en régimen de monopolio y otros no, a los que ya les expiró el plazo de vida de su patente. Por el otro está la investigación de nuevos fármacos. Los amplios beneficios obtenidos con la venta de los medicamentos con patentes vivas, les permite financiar hoy, los altos coste de las investigaciones en curso de nuevos medicamentos.
Este es el dilema, esta es la relación de intercambio, (trade-off que dicen los ingleses). Nuestras sociedades deben elegir entre:
1.- Salvar hoy a todos los enfermos de una enfermedad para la que tenemos cura
2.- Descubrir el remedio de nuevas enfermedades.
El capitalismo no descubre nuevos medicamentos. Si las farmacéuticas investigan es por la promesa de disfrutar de un monopolio (lo más alejado que existe de la sacrosanta libertad de mercado, la antítesis de la libre competencia). Monopolio que le permita obtener unos pingues beneficios, para que parte de ellos se reinviertan en más investigación… el resto ira a sus accionistas.
¿Debemos descartar la posibilidad de fijar una justa rentabilidad a los accionistas de las farmacéuticas (por ejemplo un 15% anual)?. Por desgracia, los liberales del mundo se revolucionarían ante semejante idea: del todo incompatible con el espíritu del capitalismo, con su esencia de libertad de empresa, la posibilidad de enriquecerse sin mesura. Aunque exactamente eso, limitar la rentabilidad de los accionistas a una “rentabilidad razonable” es lo que hizo el ministro de Industria, Energía y Turismo: José Manuel Soria López con el Real Decreto-Ley 9/2013 del 12 de julio (y vuelto a modificar en el Real decreto 413/2014 del pasado 6 de junio) con las explotaciones productoras de energías renovables ya existentes: eólica, fotoeléctrica… asunto que bien merece un análisis más pormenorizado, pero eso será en otra ocasión.
Aquí y ahora, a través de nuestros gobiernos, podemos cambiar la decisión actualmente tomada, a tan difícil dilema moral (si se ha hecho con las eléctricas ¿por qué no con las farmacéuticas?). Decidiendo la duración de las patentes estamos decidiendo a qué enfermos vamos a salvar. Por ahora hemos decido salvar a algunos enfermos (los que puedan pagar) de alguna enfermedad por ahora incurable.( Para saber más siga el enlace abajo indicado).
Nuestras sociedades capitalistas se enfrenta a un terrible trade-off: ¿curamos a todos a los que sabemos curar? o ¿dejamos morir a muchos de los que podríamos salvar, para poder curar mañana a algunos de los enfermos incurables de hoy?
Un fuerte abrazo a los familiares y enfermos de Hepatitis C.
by PacoMan
Para saber más:
Según Bayer: Las medicinas son para quien pueda pagarlas no para quien las necesite.
http://grupolipo.blogspot.com.es/2014/02/segun-la-bayer-las-medicinas-son-para.html