Carlos Lucena, teleprensa.com Córdoba
En la política española en general, sobre todo, en pequeños núcleos de población donde son gobiernos municipales los que legislan, es muy común que la sociedad critique que los altos cargos sean nombrados como se conoce popularmente por medio del dedazo.
No es de recibo criticar que se nombren altos cargos por su afinidad a uno u otro partido político o por su constante actividad dentro del mismo. Es muy importante que las personas que nos van a representar y van a decidir sobre asuntos trascendentes para nuestro mal llamado Estado de Bienestar sean personas involucradas y conozcan cómo empieza la democracia desde sus partidos políticos.
Lo verdaderamente preocupante es si esas mismas personas que luego nos representan están bien formadas y son especialistas en las materias por las que se rige su cargo. En España estamos poco acostumbrados a la especialización, y no sólo en la política, también en los medios de comunicación masivos. Por lo general, estamos en la moda del ‘Doctor Liendre: de todo sabe y de nada entiende’. Por ejemplo, en los debates televisivos, dependiendo de la cadena que sintonicemos, siempre están los mismos ‘creadores de opinión’ intentando analizar asuntos de actualidad.
Sería demagogo afirmar que siempre son los mismos y que no hay expertos que puedan analizar y explicar con autoridad temas que afecten a la opinión pública, aunque es muy común ver cómo un jurista nos analiza nuestra situación financiera o cómo un economista nos explica cómo afecta una u otra ley.
Una situación muy similar ocurre con nuestro sistema educativo. Aunque es totalmente comprensible y correcto la necesidad de que todos los ciudadnos tengamos una gran cultural general, no podemos dejar a un lado la especialización. Sobre todo, si somos conscientes de que en España lo que se necesitamos es que nuestros ingenieros, médicos, arquitectos, abogados, periodistas... sean los mejores.
Nuestra población más adulta, los que están comprendidos entre las edades entre los 40 y 60 años, muchos de ellos sin estudios superiores tienen un bagaje cultural bastante mayor, sin tener ninguna especialización, que nuestros escolares y universitarios en la actualidad. Si cada vez somos más conscientes de qué este sistema educativo no funciona como debería, ¿Por qué no apostamos por la especialización?
Todas las personas tenemos cierta responsabilidad a la hora de ejercer nuestro trabajo, ¿Por qué no todos somos especialistas del trabajo que realizamos? Esta pregunta también sería muy conveniente hacérsela a nuestros políticos, particularmente en la Junta de Andalucía, donde tenemos a una consejera de Hacienda licenciada en Medicina, una consejera de Fomento y Vivienda licenciada en sociología, o una consejera de Agricultura que ha sido formada como médica. Además un gobierno como el de la Junta tiene una edad media de unos 52 años, aunque la experiencia es importante, más importante es como dijo Don Juan Carlos I el día que anunciaba su abdicación que deberíamos de dejar a los jóvenes en la primera línea, a lo que le añadiría, jóvenes y especializados.
