Euprepio Enfadado
Juan Antonio Palacios Escobar
Haciendo honor a su apellido se enfadaba por todo. Su estado normal y permanente era el de estar cabreado. Todos y el que diga que no, o miente o tiene mala memoria o no es una persona normal, en algunos momentos de nuestras vidas nos hemos enfadado. Hemos cogido un rebote por algo o con alguien.
Pero una cosa es eso y otra muy distinta es que nos pasemos media vida y la otra mitad a merced de nuestras emociones y de forma destructiva, sin poder controlar lo que nos pasa, que debería ser una alteración pasajera. Lo de Euprepio, era un caso muy particular ya que no era extraño que tuviera la frecuencia cardíaca y la presión arterial por las nubes.
En el colmo de los colmos, cualquier cosa le alteraba. Así si le anunciaban que le había tocado la primitiva comenzaba a gritar qué porque a él. Y había que terminar diciendo que no se preocupara que los 300.000 euros con los que la madre fortuna le había obsequiado se les regalarían al peor de sus enemigos para que no sufriera.
Además sus reacciones ante cualquier insignificancia eran desproporcionadas, de una agresividad que daba miedo a cualquiera y que podían resultar dañinas no solo por lo que hiciera sino por lo que dijera. Tampoco ante cualquier contrariedad era incapaz de inhibir o reprimir su enfado y convertirlo en una conducta constructiva.
Y cuando alguien con la mejor de las voluntades se le ocurría decirle algo con la sana intención de tranquilizarlo, solo lograba enervar más su ira y su hostilidad hasta situarse fuera de control mostrándose muy irritable y malhumorado.
Euprepio, tenía una bajísima tolerancia a la frustración. En verdad que con ese nombre no era de extrañar. De todas formas, no era capaz de tomar ninguna situación con calma por muy bondadosa que fuera y cualquier inconveniente que le surgiera en el camino la convertía en una tragedia.
Enfadado, era así de nacimiento, vamos que lo llevaba en los genes pero además era la conducta que había aprendido en el ámbito familiar, por lo que se juntaba el hambre con las ganas de comer. Tal vez lo más fácil hubiera sido el fatalismo y admitir que con Euprepio no había nada que hacer.
Pero se había propuesto cambiar , ya que lo pasaba fatal y aunque sabía que le resultaba frustrante , comenzó a ver qué a pesar de que era comprensible que estuviera disgustado , no era el fin del mundo y continuar en aquel estado iracundo no iba a resolver nada y solo podía contribuir a que continuara metiendo la pata.
A partir de ahora se había empeñado en controlar más no solo lo que decía sino lo que hacía y se había propuesto ir eliminando algunas palabras de su vocabulario como nunca o siempre o emplear expresiones que pudieran ofender o humillar a la gente a la que quería .
Estaba comenzado a comprender que enfadarse no iba a solucionar nada, que no le iba a hacer sentirse mejor y que la lógica normalmente vence a la ira. Qué el mundo no estaba en contra suya, y que todos habremos de aceptar que hemos de tener malos momentos al igual que disfrutar de instantes maravillosos.
Nuestro amigo estaba dispuesto a dar lo mejor de sí mismo, a no recriminarse si la respuesta no surgía de inmediato. A escuchar con atención lo que dicen los otros y tomarse su tiempo para responder y a recordar que no se puede ni se debe eliminar el enfado y no sería buena idea que lo hiciera si pudiera .Lo importante es que lo controlemos, no viceversa.